Entrada destacada

Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

22 may. 2016

Tareas del hogar

A lo largo de la vida, la sociedad nos va asignando tareas de acuerdo al lugar que se nos indica que tenemos que ocupar. Si eres varón de nacimiento, seguramente se esperará de ti que puedas mover cosas pesadas y arreglar cosas tecnológicas. Si eres mujer de nacimiento, seguramente se esperará de ti que puedas fregar, cocinar, coser y parir. Ningún niño, niña o adolescente puede no estar familiarizado con la TAREA PARA EL HOGAR que te dan en la escuela; igual que ninguna ama de casa del siglo XX o anteriores puede no estar familiarizada con las TAREAS DEL HOGAR (y ninguna del siglo XXI tendría por qué estar familiarizada con ellas).

Solemos centrarnos en la figura de la mujer cuando discutimos las pequeñas injusticias diarias: que una mujer que limpia casas sea ASISTENTA mientras que un hombre que limpia casas sea MAYORDOMO; que una mujer que cocina para una familia distinta de la suya sea COCINERA pero que si le cocina a la suya sea solo MUJER, mientras que un hombre que cocine para su familia o para otra distinta sea un CHEF; que un hombre que realiza arreglos, tareas de plomería o electricidad cobre por realizar ese trabajo, mientras que una mujer que plancha, lava y limpia no cobre por realizar ese trabajo.

Entonces, lo que pasa con la figura de la mujer, lo conocemos todos. Se la da por sentado, se la discrimina en silencio, se la encasilla públicamente. Pero, ¿qué pasa con la figura del hombre? La persona con cuerpo de hombre es atendida toda la vida por su madre, hasta que ella se pasa la posta con su mujer. Una persona que es atendida toda la vida por mujeres como si fueran seres inferiores, termina creyéndolo y tratándolas como tales. Y creyendo que la tarea de atender a otros sin retribución alguna es “naturalmente” una función femenina.

Los hombres ya no son los cazadores que eran ni las mujeres, las recolectoras que éramos. Lo justo y necesario de la evolución es que al cambiar las familias se empiecen a cuestionar los roles pre-establecidos y las obligaciones asignadas arbitrariamente por la sociedad. Nuevamente una situación económica global es la que abre el camino para otra liberación femenina, como antes el derecho al trabajo fuera de la casa o al voto se consiguiera por faltante de hombres producto de las guerras mundiales, en época de crisis muchos hombres desempleados terminan cediendo por necesidad su lugar como fuente de ingresos y convirtiéndose en “amos de casa”.
Sea por revolución, evolución o necesidad, resulta que un hombre puede ser tan buena madre como una mujer, puede cocinar igual o mejor de bien y puede también limpiar, barrer, escurrir, etc., sin perder su status de hombre. Y los niños, niñas y adolescentes pueden tener familias con una mujer y un hombre a cargo como siempre fue pero distinto de lo que siempre fue, en equidad y no en esclavitud; o con dos hombres o dos mujeres a cargo. Y después pasarse la posta del cuidado con un hombre, una mujer o un otro, pero ésta vez, de un cuidado mutuo, negociado, igualitario.

Hoy descubro que mi gran dedicación por cultivar mis habilidades amatorias puede haber sido en algún nivel un intento por torcer mi destino social de mujer, distanciándome lo más que pude de la cocina. Lamentablemente, lo más lejos que llegué, fue al dormitorio. Sin embargo, cuando logro hacerme el tiempo, entre estudio, trabajo, actividades de tiempo libre y familia, puedo llegar a disfrutar cocinar, de la misma manera en que puedo llegar a disfrutar alguna actividad sexual distinta a las regulares de forma esporádica. Permitirme hacer un cheesecake casero podría ser entonces como aceptar una sesión de bonding; hacer una cena completa, con entrada, plato principal, postre y lavar los platos, sería como aceptar una sesión de fisting. Y así…

En las tareas del hogar como en la cama, lo que jamás puedo llegar a disfrutar es la imposición. Que nadie me diga que la tengo que chupar porque soy mujer porque lo encuentro poco diferente a que me digan que tengo que lavar los platos porque soy mujer. Nací con este cuerpo de mujer, naciste con ese cuerpo de varón. Punto. Eso no tiene nada que ver con la distribución de quehaceres hogareños, cuidado de los hijos o de los adultos mayores, economía del hogar ni educación familiar.

Les dejo como TAREA PARA EL HOGAR esto de reflexionar que cualquiera puede realizar las TAREAS DEL HOGAR. Sin importar su género, de nacimiento o autopercibido. Y como reza el dicho, un poquito cada uno, no le hace mal a ninguno.