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Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

15 may. 2016

Saborizados

De niñ@ te llevan a la heladería y tienes que hacer esa conocidísima elección entre helado de fresa, de vainilla o de chocolate, que según tus padres define muchas más cosas que un antojo dominguero, cosas como tu personalidad o tu orientación sexual. Ni se te ocurra, en ese momento crítico de la infancia, querer salir de los sabores predeterminados y pedir probar un sambayón, unos kinotos al whisky o un pistacho; probablemente genererás una gran preocupación en los mayores que te rodean sobre tu estado mental general y tus posibilidades de éxito en la vida; encima tu juvenil paladar poco desarrollado no llegará a disfrutar todos los matices de esas variedades.

De grande cuando vas a la heladería, te sientes nuevamente frente a esa elección entre helado de fresa, de vainilla o de chocolate, pero sabiendo perfectamente que hay una gran cantidad de gustos más. Y otra vez, los adultos que te acompañen, sacarán conclusiones. Si un hombre pide helado de frutilla, quizá tenga tendencias homosexuales. Si una mujer pide helado de chocolate, quizá tenga curiosidad por los penes negros. Cualquiera que pida de vainilla, probablemente tenga una vida sexual aburrida o sea un@ devot@ del misionero.

Revivimos en carne propia esa escena en que Morfeo le ofrece las pastillitas a Neo y le pide que elija. No existe de adult@ otro lugar en el que se viva esa clase de adrenalina al momento de tomar una decisión: tan sin importancia y a la vez, tan definitoria. Generalmente, se tarda mucho en salir o nunca se sale de los patrones de elección del gusto del helado: crecemos para convertirnos en optimistas, pesimistas o ningunistas.

No existe de adult@ otro lugar en el que se viva esa clase de contenido placer al momento de tomar una decisión, hasta que nos hacemos asiduos practicantes del sexo oral, como antes lo fuimos de ir a la heladería los domingos. Puede o no existir una conexión entre aquel placer infantil y este placer adulto: entre sentir algo fresquito que se te va calentando entre los labios, que se deshace en tu lengua y te chorrea por los labios hasta el mentón, casi llenándote la boca, casi asfixiando tus papilas, hasta que todo el mundo sabe a aquello que estás chupando por un segundo y tú no eres más que tu capacidad más primitiva de devorar… y tomarse un buen helado.

De grande cuando vas a tener sexo oral y quisieras tener a disposición todos los sabores de la heladería en forma de condones, te encuentras volviendo a la conocidísima elección porque no hay más de dos o tres opciones. No sé quién fue el bromista que decidió que BANANA era un sabor evidente para ofrecer al público chupón, como si necesitara un refuerzo frutal como recordatorio de una situación poco vegetativa. Después te ofrecen FRESA en distintas variedades, con crema, sin crema, o en versión daikiri de frutilla; al final te dan más ganas de ir a comer un postre que a un compañero. Y la última opción parecerían ser los que imitan el WHISKY, una mala comparación ya que cuanto más whisky bebes, más vacío te quedas mientras que cuanto más del otro bebes, menos vacío te sientes.

Creo que hay muchas más personas que disfrutan del sexo oral de las que disfrutan el helado. Y mirá que es difícil encontrar a alguien a quien no le guste el helado, deben representar el 0, 0001% de la sociedad. Pero también creo que la falta de opciones a la hora de elegir condones saborizados actúa muchas veces en contra de ese deseo sexual más espontáneo que el de meterse a alguien en el cuerpo, ése de llevarse a alguien a la boca.

A usar un poco la imaginación, que en la variedad, está la diversión. Queremos condones para sexo oral masculino y femenino a disposición, de todos los sabores y colores que la ciencia y el marketing nos puedan ofrecer. Sin sabor, de refresco de cola, de chocolate marroc, de advokat (para no decir licor de huevo), de pizza, de sopa crema de cebolla, de brownie con helado de crema, de pasta dental mentolada, de papas fritas con cheddar, de tostadas con manteca y por supuesto, de sambayón, kinotos y pistacho además de vainilla, chocolate y dulce de leche. Se están perdiendo la compra de todo el mercado de adultos que alguna vez fue juzgado, digo, llevado a la heladería de pequeño y que hoy quiere chupar con libertad pero sintiéndose protegido. Y nada de sabores mal logrados, por favor, que después de años de usarnos de conejillos de indias para todo tipo de saborizantes y colorantes artificiales, sabemos que hoy ya pueden reemplazar cualquier sabor natural por uno perfectamente creado por la química.

Siéntete libre de seguir agregando sabores a la lista. O experiencias de heladería. O las otras.