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7 abr. 2016

Legalicen… los y las

Imagen cortesía de imujer.com
Publicado en ConLaOrejaRoja el 7 de Abril de 2016

Hablamos de la legalización de la marihuana, un objeto; de las legalizaciones de la interrupción voluntaria del embarazo o de la eutanasia, acciones consensuadas y de empoderamiento total del propio cuerpo. Pero cuando hablamos de bajar la edad en que las personas pueden elegir tener relaciones sexuales sociales ABIERTAMENTE pareciera que seguimos hablando de objetos, no de sujetos. Y recalco abiertamente, porque el hecho de que intentemos mantener los ojos cerrados a la sexualidad infantil y adolescente, no implica que no se siga desarrollando igual, como puede.

¿Por qué no preguntarle a los jóvenes si quieren, si desean, si necesitan, que su derecho a la vida sexual social se vea reconocido desde antes de los 18 años? No son objetos, son sujetos. Pareciera que podemos discutir sin problemas la baja de edad de imputabilidad de menores o la baja de edad para el acceso a la votación. Si creemos que nuestros jóvenes pueden asumir estas responsabilidades y ser tratados como “adultos” en los ámbitos legal y electoral, ¿por qué no queremos creer lo mismo en el ámbito sexual?

Es posible que, a pesar los avances simbólicos en cuanto a consideración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, la cuestión siga siendo la necesidad de dividir a la sociedad en adultos y no adultos. Hoy por hoy, la diferencia real entre niñ@s, adolescentes y adultos va perdiendo fuerza cuando comenzamos a entender que la edad física no es condición para un distinto acceso a los derechos y ejercicio de ciertas obligaciones. Todos somos, supuestamente, sujetos de derechos, además de usuarios o consumidores.
Si los adultos no logran ya dejar de vivir en la casa de sus padres o comparten piso con amigos, juegan toda la vida o dedican un presupuesto de por vida al entretenimiento, pasan una gran parte de su tiempo en establecimientos educativos y se reproducen sin planificación; y los jóvenes trabajan, votan, adquieren bienes muebles e inmuebles, tienen sexo y pagan sus condenas sociales cuando alteran el orden social, ¿dónde está la verdadera diferencia entre infancia/adolescencia y adultez? Quizá lo único que todavía divida sea la capacidad de reproducción. Y dejaría de hacerlo si pudiéramos elegir plenamente cuándo concebir y cuándo no, con anticonceptivos 100% eficaces, para todos los cuerpos (no sólo el femenino), libertad de elegir la anticoncepción quirúrgica y/o la interrupción voluntaria del embarazo y con acceso real a todo tipo de métodos sin importar la edad, el credo, la situación económica y la opinión de otros (incluso los padres).

Nos horrorizamos del embarazo adolescente, pero seguimos sin dar herramientas para vivir la sexualidad como un derecho, como una serie de experiencias placenteras que cada quien elige cuándo, cómo y con quién tener. Y para poder elegir plenamente un esquema de vida y de planificación familiar. Y eso es lo que debemos garantizar: el consentimiento, el intercambio sexual libre, las elecciones particulares.

Hay chicos que trabajan y otros que son explotados sexualmente. Desconocer que existen el trabajo infantil, la explotación sexual y la pedofilia o negarnos a reconocerlo y legislar conociendo la realidad, no hacen desaparecer el problema. Desconocer que los jóvenes se inician sexualmente a edades cada vez más tempranas y no siempre con personas de su misma edad, tampoco evita que suceda. El seguir pensando la infancia y la adolescencia como si estuviéramos todavía viviendo en la época de nuestra infancia y adolescencia no hace más que poner piedras en el camino a los niños, niñas y adolescentes de hoy en el ejercicio de sus derechos y a la evolución social toda hacia la equidad en términos de edad.

Más allá del comentario pajero y las campañas troll de adultos que reclaman su supuesto derecho a tener sexo con menores, que, consentimiento mediante, me parece discutible, como mínimo a nivel teórico... ¿Por qué no preguntarles a las de 16 y también a los de 16, que pareciera por momentos que 16 años sólo los tienen las mujeres… si quieren ser legalizad@s? ¿Si sienten que están menos capacitados que una persona de 18 o 21 a disfrutar su sexualidad, para elegir con quién acostarse, cuándo y cómo, para decir que NO? Si estamos dispuestos a escuchar, quizá nos sorprenda la respuesta.

El problema central sigue siendo el del consentimiento, no el de la edad de iniciación sexual, que es algo muy personal de cada uno y debería ser respetado. Si no enseñamos con el ejemplo y con el real ejercicio de los derechos desde edades tempranas, es lógico que sigamos teniendo ciudadanos mansos como ovejas que llegan mágicamente a los 18 años a tener “libertad” pero que no tienen ni la más puta idea de cómo usarla. Y les toma prácticamente 18 años más, ensayo y error mediante, aprender a actuar como ciudadanos medianamente competentes. Y en este proceso, muchas veces se tienen hijos no deseados y se viven experiencias de abuso (que no es un tema solamente de la infancia y la adolescencia, ya que el derecho a no ser explotados ni abusados debería garantizarse toda la vida, cosa que, a nivel discursivo y hasta experiencial, pareciera que olvidamos).

Francamente, yo soy una persona que no aceptaría acostarse con otras personas sin tener su consentimiento. Ni entendería que por su corta o larga edad o su género no están capacitados para darlo. Y si entendiera que por alguna de éstas u otras razones la persona no está en uso de razón como para dar su consentimiento, evitaría el contacto sexual directamente. ¿Y Ud.? Quizá la pregunta verdadera sea ésta y el punto de partida el empezar a responsabilizarse cada uno de la forma en que encara las relaciones sexuales con otr@s, sobre todo en el caso de que no suela considerar lo que el otro desea, tenga el otro la edad física que tenga, la edad mental que pueda, el género de nacimiento que le tocó y el género autopercibido que eligió.