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6 abr. 2016

Gordibuena

Publicado en Tantras Urbanos en Marzo 2016

Se puede estar buena por fuera, por adentro o por dentro y por fuera. Cada persona tiene su encanto particular si estamos preparados para ver más allá de los estereotipos y más acá de de los prejuicios. ¿Por qué existe la palabra gordibuena y no la palabra flaquibuena? Será que se interpreta que una persona, por estar flaca, ya está buena. Aunque hay que remarcar cuando una persona gorda está buena, como si fuera una excepción a la regla.

Hay flacas lindas y flacas feas. Hay gordas lindas y gordas feas. ¿Podemos asegurar realmente que la belleza o la fealdad están directamente relacionadas con el peso de las personas? La forma de ser, el lenguaje corporal, la forma de mirar, el tono de voz, el sentido del humor, el nivel de actividad, la cultura o inteligencia aparente, los recursos personales o habilidades adquiridas y quién sabe cuántas cosas más hacen el todo por el que podemos sentirnos atraídos cuando nos relacionamos. Tampoco olvidemos que la definición de lindo o feo es algo subjetivo, como en esa frase de Khalil Gibrán: La belleza depende de la realidad del objeto y de la subjetividad del sujeto.

Una compañera de trabajo volvió de sus vacaciones con una energía distinta: el mismo color de pelo, la misma forma de vestir, en apariencia un peso similar al que solía tener, o con pocos kilos de diferencia. Aún así se la ve distinta, su mirada, sus gestos, hasta su tono de voz parecieran haber cambiado. Cuando tuve oportunidad se lo comenté, resaltando que no sabía si la diferencia era de peso y que no me interesaba si así era. Se desarmó y me contó de un amor de verano que se había terminado pero que había hecho una diferencia en su vida. Se puso buena por dentro.

Otra compañera de trabajo volvió de sus vacaciones con la misma energía de siempre pero con unos cuantos kilos de más (o eso repitió varias veces, aunque en realidad, no se notara mucho la diferencia). Estuvo en varios lugares turísticos de Argentina y de Brasil, en los que bailó, nadó, tomó sol pero también comió y bebió de forma distinta a la habitual. Pero en vez de contarnos anécdotas de los buenos momentos que pasó, no paró de hacer listas de lo que comió y bebió de más en cada lugar y de repetir la cantidad de kilos que subió. Se puso fea por dentro.

Esta compañera de trabajo volvió de sus vacaciones casi con las misma energía y aspecto de siempre, pero no exactamente igual que antes. Siendo gorda entre las flacas y flaca entre las gordas, ni le interesa informarle al mundo lo que comió o bebió (o cogió) durante su descanso veraniego ni le importa el impacto visual que genere en los demás después de un tiempo sin verse. Siendo pélvica, le interesa más retomar de a poco el ritmo y la convivencia laboral, centrándose en no echar a perder toda la relajación adquirida ni echársela a perder a los demás.

Ni empecemos a discutir sobre la noción de que las personas con sobrepeso u obesas tienen sí o sí una vida sexual más pobre que las personas que están en su peso ideal o que son delgadas. En todo caso, el peso de cada quien es un tema privado, digno de ser tratado solamente con un médico, aunque pareciera que ahora todos nos creemos con derecho a juzgar, además de la sexualidad, la salud de cada quien.

Se puede estar buena por fuera, por dentro o por dentro y por fuera. E independientemente de si se está buena por fuera, por dentro o por dentro y fuera, se puede tener una vida sexual igual de plena.

Empecemos por evitar las palabras que pueden resultar simpáticas pero que encubren razonamientos insalubres, discriminatorios o condenatorios de la individualidad. Porque nunca sabemos cuándo puede aparecer una que lo que considere insano, lo que discrimine o lo que condene, sea justamente, aquello que somos.

Más allá de ser gordibuena, gordifea, flaquibuena o flaquifea, no olvidemos que lo importante es estar lo más sano que sea posible y lo menos infeliz que sea probable y no dejar de perseguir lo que nos de placer.