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17 abr. 2016

Geriátrico XXX

Publicado en Con La Oreja Roja el 10 de Abril de 2016. 

Will you still need me, will you still feed me, when I´m sixty four?, se preguntaban los Beatles. Will you still fuck me or allow me to fuck?, me pregunto yo.

Si Uds. alguna vez visitaron alguna institución para la tercera edad, quizá hayan comprobado como yo que como una escuela o como un hospital, se encuentran desexualizadas o con una fuerte presión hacia la desexualización. Básicamente, la idea imperante es que jóvenes, enferm@s y viejos, no cogen. Yo no estaría tan segura, ¿jóvenes, enfermos y viejos no cogen?

Se sorprenderían de escuchar las experiencias y no solamente las dudas sobre sexualidad que tienen niños, niñas y adolescentes si aprendiéramos a escucharlos sin prejuicios y a dejar de intentar contarles la historia de la cigueña o la de la semillita. Cuestiones de su preocupación podrían ser, por ejemplo: por qué se mojan las mujeres o si el contacto íntimo sin penetración puede considerarse sexo o no, pasando por grandes dudas sobre higiene a cómo posicionarse sobre los cambios físicos y hormonales, incluída la menstruación, de manera respetuosa y no sexista. A diferencia de generaciones anteriores, tienden a tener menos consultas sobre el acto sexual en sí y más sobre cantidad de nociones del universo todo que envuelve a la sexualidad.

Se sorprenderían por los grandes obstáculos para la vida sexual que pueden llegar a encontrar personas que atraviesan la lucha contra distintas enfermedades. Hay condiciones pero también tratamientos que cambian el cuerpo, que anulan la libido o que interrumpen la vida sexual cotidiana. Una persona que está casi completamente enyesada por un accidente, no tiene cómo masturbarse; quizá no puede o no se anima a conversarlo con alguien de su círculo o con los profesionales de la salud. En una película vi la escena de una persona con sida intentando echar un último polvo antes de morir; como iba diciéndole a los posibles compañeros sexuales la verdad, nadie parecía dispuesto a tener sexo. También conocí el caso de una mujer de catorce años que, muriendo de una enfermedad terminal con la que había nacido, tenía por única preocupación saber que irremediablemente moriría virgen y se animaba a compartir su dolor con sus padres, aunque quizá ellos nunca se animaran a compartir con ella una solución posible. O por qué no, el caso de ciertas problemáticas psicológicas o psiquiátricas graves, que afectan el uso de razón para la correcta selección de compañer@s sexuales, y cuyo alcance en el terreno sexual no es generalmente acompañado por las terapias.

Se sorprenderían de saber que si bien los cuerpos ya no rinden, la llama de las ganas no se apaga aunque el físico esté marchito. A los viejos se les sigue parando, a las viejas se les sigue mojando y much@s se duermen solamente después de una buena paja. Esto para algunos acompañantes terapeúticos es un hecho castigable, terminan hablándoles como si fueran niños pequeños, haciéndole pasar verguenza y prohibiéndoles el contacto sexual, en el mejor de los casos. Muchos hogares dividen a los habitantes por género, quizá debido a esos datos de que la esperanza de vida es muy distinta para cada sexo, pero en el caso de que una pareja de viejitos tuviera que mudarse a una de estas instituciones, dudo que se les respetaran los tiempos, espacios e intimidades para continuar con su vida sexual. Y esta división presenta dilemas éticos al considerar a las personas por su sexo de nacimiento y no por su género autopercibido, y hasta por evitar totalmente la posibilidad de relaciones heterosexuales.

Quizá podría alguna vez pasarme algo parecido. ¿Uds. se imaginan sin tener sexo durante varios meses o para siempre de forma forzada y sin ninguna opción? Sería como volver a la “virginidad” socialmente impuesta, sin las paciencias de la infancia o adolescencia generadas por la promesa de una larga vida pero esta vez sabiendo muy bien de lo que uno se pierde. Siendo el sexo un derecho para mí, o las condiciones adecuadas para tenerlo, ¿cuán vulnerada podría sentirme volviendo a ser niña, estando enferma o poniéndome vieja? Siendo la libre expresión un derecho para mí, o las condiciones adecuadas para tenerlo, ¿cuán vulnerada podría sentirme siendo silenciada o ignorada en cuanto a expresión sexual se refiere?

Mi geriátrico ideal tendría excelente conexión a internet, servicio técnico para todo tipo de dispositivos; auriculares gratuitos y listas de reproducción personalizadas, para que los últimos sonidos y voces que escuche sean los que yo elija, no los que me impongan; opción de dieta vegana o vegetariana, siesta erótica de cuatro horas garantizada, con opción a matchmaking con otros geriátricos si no encontrar compañer@s sexuales posibles en el actual y, por supuesto, servicios de masturbación y de muerte asistida. Sí, ya sé que no tenemos reconocido el derecho a la eutanasia. Sí, ya sé, que esta imagen se parece demasiado a un cabaret de la tercera edad o a la evolución de un bar swinger y que probablemente dentro de 40 años, tenga que someterme a la misma vejez desexualizada y muerte natural a los golpes que las generaciones anteriores y aceptar, vencida por el tiempo o la edad, encajar finalmente en algún estereotipo justo antes de llenar el cajón, después de haber pasado toda la vida desencajando.

Estamos en épocas de revoluciones y evoluciones (o así queremos creerlo). Recién estamos descubriendo la cuestión del derecho al placer y cómo garantizarlo, aún en condiciones adversas; lamentablemente está todavía muy lejos de ser discutido seriamente cuando todavía estamos ocupándonos (o haciendo de cuenta que nos ocupamos) de los derechos a no ser obligado a tener sexo basándose en género, edad, religión o supuesta falta de voz y voto; a no ser explotado sexualmente; a seguir siendo tratado como persona si uno elige dedicarse al porno o a la prostitución; a elegir la identidad sexual como la percibimos; a no ser obligadas a parir hijos no deseados y a no sufrir (vidas) ni muertes violentas debido a nuestros género de nacimiento o autopercibido.

Will you still fuck me, or allow me to fuck, when I´m sixty four (and more)?