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2 feb. 2016

Sexo en lugares públicos

Publicado el 19.03.15 en Tantras Urbanos

Me divierte el sexo y me divierten los lugares públicos, entonces por lógica debería divertirme el sexo en lugares públicos. Pero a decir verdad, me divierten mucho más los lugares privados y el sexo que se tiene por tener y no para contar que se ha tenido. Es@s lugares que poc@s más han visitado, es@s que te niegas hasta a ti mism@, esos que ni te imaginas que están ahí para ser descubiertos. Y sí, me refiero a tu piel, nunca igual y siempre distinta, a tus deseos inexplorados, a tu libido aún dormida, a los límites de tu placer.
Hacemos listas de lugares donde lo hemos hecho sin ser descubiertos: que una piscina, que el baño de una estación de servicio o un cine, que un balcón una noche de calor, que un parque, el techo de un edificio, un auto, un ascensor, un probador, o directamente en la calle. ¿Qué pasaría si abandonamos las listas y empezamos a hacerlo de forma que importe más con quién/es y cómo que dónde o cómo comprobarlo?
La importancia del dónde empieza en la adolescencia, momento en que generalmente tenemos todo para tener sexo menos el lugar. Y no me gustaría pensar que la obsesión por el sexo en lugares públicos es una suerte de delirio púber del que no podemos deshacernos a pesar del obvio paso del tiempo o una extensión social de la mentalidad adolescente hasta edades indefinidas.
La posibilidad de que nos descubran es en sí un afrodisíaco que todo sitio relacionado con sexo que se respete ha mencionado y relacionado con el porno, la vida swinger, las prácticas BDSM, y en el que cada un@ de nosotr@s ha incursionado alguna vez aunque sea a través de esa cortina a medio correr o de ese gemido sin contener que escuchamos o dejamos que nos escuche un@ vecin@.
Mucho se ha dicho sobre las posibles razones de la atracción de esta modalidad sexual. Algun@s sostienen que decimos que no queremos que nos descubran, pero en realidad, no nos damos cuenta de que ansiamos ser descubiertos. Otros que si nos descubren es aún mejor, derivando en prácticas como el sexo grupal o el exhibicionismo. No por nada estamos retrocediendo a través de la historia sexual del inconsciente colectivo, volviendo tan atrás como para resucitar prácticas como el dogging.
Quizá quien siente morbo al ver y ser visto con los ojos, olvidando los demás sentidos, haya dejado para siempre por fuera de su sexualidad mente y alma. Quizá el próximo nivel de evolución ya no sea del cuerpo, sino de la mente o el alma en una especie de virtualización de la sexualidad, en donde todo nos entra por los sex(t)os sentidos y poco o nada por el cuerpo.
Una persona que ya no puede tener sexo en la intimidad, se excita con la exposición más que con el sexo mismo. Y esto es un peligro que corremos en la actualidad, ya que incluso sin salir de nuestros hogares, podemos tener sexo público a través de filmaciones, videos, grabaciones de voz. El adentro, ahora también es afuera.
El sexo, que por tabú, presión social, axioma religioso, decisión gubernamental o incluso por seguridad formó parte de la INTIMIDAD, hoy forma parte de la EXTIMIDAD. Quizá por excedernos en el intento de derribar tabúes, por sentirnos con más derecho a elegir por nosotros mismos y por total falta de seguridad general fuera de la cama, entre otras causas posibles. Porque incluso cuando no estemos intentando mostrarnos, siempre habrá quien esté intentando vernos y escucharnos (hasta grabarnos y compartirnos con y sin consentimiento).
En todo caso, como siempre y a menos que se esté totalmente en contra de la práctica, propongo que no dejemos de lado ninguna de las dos experiencias, para así saber cuál es la que más nos gusta por experiencia propia y no por consejo de nadie. Obviamente, forzarse a probar algo que ya sentimos o intuímos que no es para nosotros, podría ser tanto una forma de salir de nuestra zona de confort como ceder ante presiones externas. Cada quien se conoce, o estará intentando conocerse, para poder entender sus razones, sus placeres, sus horizontes y sus límites.
El único lugar verdaderamente no público en el que ocurre el sexo es en tu cuerpo, mente y alma.
¿Y tú: sexo público, privado, los dos o ninguno?