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28 feb. 2016

Sex for dummies

Publicado el 4.05.15 en Diario El Pilin

Nos toman por tontos o por malcogidos o por tontos malcogidos cuando: nos explican obviedades; nos dicen qué sentir o cómo hacer para sentirlo; nos hablan del cuerpo humano como si no fuéramos, también, poseedores de un ejemplar; nos ponen nortes sexuales comunes o nos ofrecen formas de relacionarse sexualmente que siempre fueron prácticas de la libertad sexual con etiquetas excitantes para tentarnos la curiosidad, como si de un paquete más de servicios con descuento se tratara. 

Y si bien es cierto que siempre hay algo nuevo por probar, que siempre hay nuevas (o viejas) personas despertándose sexualmente, haciendo tick en ese casillero social tácito de ACTIV@ SEXUAL, iniciándose en la vida sexual social o en otra orientación sexual o en formas no monogámicas de relación; también es cierto que no somos tábula rasa de sensaciones ni de concepciones que, incluso no siendo sexuales, inciden en la cama y condicionan nuestra forma de vivirla o de hacérsela vivir a quien/es eligen compartirla con nosotros.

En el fondo, sigue el intento de influenciar la vida sexual particular a imagen y semejanza de moldes globales, ya no uno único de heterosexualidad religiosamente reproductiva, pero sí de otros que pueden llegar a ser igualmente peligrosos para las elecciones de vidas, la planificación familiar y  los individuales.

También existe un nuevo mercado sexual que busca en los sujetos sexuados y sexualmente activos a sus clientes: sitios swinger que dicen garantizar la posibilidad de encontrar la pareja ideal para intercambios, juguetes y accesorios eróticos, ropa interior para distintas orientaciones sexuales y/o géneros, herramientas para sesiones BDSM, artículos de cuidado e higiene personal, etc. Muchas veces, con la excusa de vender tal o cual producto, nos venden también ideas, concepciones y formas de vivir tal o cual sexualidad.

Ponen a nuestro alcance listas interminables con dibujitos o fotitos de posiciones sexuales, porque estiman que la única que es de público conocimiento es el misionero; tutoriales sobre distintas técnicas y elementos para masturbarte de forma más creativa, porque otras personas pueden ser todavía más pajeras que tú y enseñarte a sacar más provecho de cada autosesión de placer; consejos sobre cómo complacer a la pareja, porque está claro que si se supone que no puedes complacerte a ti mismo, mucho menos a un otro; formas de dar sexo oral, porque toda posibilidad de aprender practicándolo pareciera inexistente; mapas de zonas erógenas, no sea que te pierdas por el camino y quieras entrar por la salida y salir por la entrada; infografías sobre tipos de orgasmos, porque si no eres capaz de sentirlos o provocarlos, seguro unas cuantas estadísticas representadas iconográficamente podrán hacerte reflexionar sobre tu potencial orgásmico.

La experiencia de cama no es una sola, no comienza con la vida sexual social, no se limita al cuerpo  ni a las parejas sexuales ni a la cama en sí misma. Quizá hace cinco o diez años este tipo de información era todavía tabú y quien se animara a compartirla abiertamente podía ser considerado un@ gurú sexual, pero hoy por hoy ya hemos agotado los temas de conversación de cama y pareciera que como no queda nada más para decir, tampoco queda nada más para coger.

Creo en compartir y no en aconsejar, creo en experimentar y no en recibir consejos. Por eso siempre tengo los oídos abiertos a quien quiera hablar de su vida sexual, y alguna palabra para quien necesite escuchar algo de la mía que le pueda beneficiar, pero compartir no es evangelizar. Y mucho menos atraer clientes.

Espero que la próxima vez que leas algo así, te encuentres como yo, con una sonrisa sarcástica en todos los labios.