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13 feb. 2016

Sensualidad sin sexo

Publicado el  6.11.14 en Tantras Urbanos

Así como los límites entre pornografía y erotismo son difíciles de fijar, podríamos preguntarnos: ¿Cuál es el límite verdadero entre sensualidad y sexo? ¿Puede haber sexo sin sensualidad? ¿La genitalidad pura y dura no puede ser sensual?
Soy la primera en decir: ¡aburridooooo! Y quizás por eso me tomé el tiempo de pensar y repensar esas situaciones diarias que nos aceleran el corazón, nos erizan la piel, nos despiertan las ganas, nos tientan el deseo y nos lubrican el alma, de forma esperada o inesperada.

Compartir un baño largo puede hacernos notar que el agua no se enfría con el paso del tiempo; cocinar juntos puede hacer que el resultado, además del disfrute del paladar, sea la sensación de poder lograr nuestros objetivos junt@s, con el consecuente mood de festejo de cama; ver el amanecer o atardecer puede hacernos conscientes del tiempo que llevamos junt@s, de que no somos eternos pero el placer que compartimos puede volvernos atemporales; estar desnud@s o estar descalzos, que es como una microdesnudez, puede elevar los niveles de intimidad instantáneamente, además de relajarnos en la aceptación de los defectos de nuestros cuerpos físicos, en esa complicidad de sabernos de carne y hueso; un gesto desinteresado, justo en ese momento en que estás por bajar los brazos, la guardia o ambos, puede generar una sensación de bienestar por encima de la cintura que logre aflojarnos hasta las mismísimas piernas.

Los mimos, besos, caricias y abrazos son formas de expresar cariño, ganas de compartir el mismo espacio físico hasta el punto en que pieles, bocas, manos y brazos sean uno solo; el cansancio después del ejercicio físico puede recordarnos ligeramente a ese momento único justo después del orgasmo, compartir caminatas, deportes o actividades deportivas varias puede traernos gratos recuerdos de cansancio de cama o proyectar las expectativas de cansarse en un escenario más horizontal; una conversación interesante puede ser otra forma de tener sexo mentalmente, palabra a palabra vamos abriendo nuestra mente al contacto con las ideas, pensamientos y formas de expresarse del otro hasta permitir que nos penetre; estar a la luz de las velas/luna puede mostrarnos y dejar ver otras facetas de nuestra belleza personal, que no es física nada más. Muchas veces la iluminación artificial, las fotos, las cámaras, en la traducción de nuestros detalles a lenguajes más obvios, deja de lado nuestros aspectos más misteriosos.

Escribir un mensaje en papel, de puño y letra, que pueda ser guardado en un bolsillo, leído y releído aunque el celular no tenga batería, podría ser una forma de llegar a tocar la piel, sin necesidad de rozarla; bailar, darle libre albedrío a los cuerpos casi como cuando en la cama no piensas, no haces, no eres y te mueves al ritmo de la pasión; dar/recibir una serenata, puede ser una forma inolvidable de entrar a la cama por oreja, y con la música, a la eternidad de un recuerdo difícil de borrar; abstinencia sexual elegida, porque quizá lo único más sensual que el sexo sea no tenerlo, dejar que las ganas se acumulen hasta que hasta cada paso se transforme en un movimiento erótico; mirarse al espejo junt@s/desnud@s, jugamos a ser más de dos, nos espiamos en los reflejos y nos miramos como desde otra dimensión, casi como si yo estuviera dentro de ti mirándome y tú dentro de mí mirándote.

Dar una caminata, permitir que los pies nos guíen en algún sendero natural, el contacto con la naturaleza y la sensación de estar perdidos y solos en el mundo, es como un recordatorio físico del camino experiencial recorrido para poder ser hoy quienes somos en la cama; actividades silenciosas como yoga, pescar, el cine, una cena muda, pueden ayudarnos a revalorizar el silencio, que a veces entre ruido exterior e interior o hasta gemidos y gritos de placer, no nos permiten concentrarnos en el placer; masajes, como forma de consentir el cuerpo del otro, ayudarle a relajar sus sentidos y como forma de conseguir permiso para adentrarse en los secretos de su cuerpo; mirarse a los ojos, porque no hay nada que igual esa sensación de reconocerse, más allá del envase, la mentalidad, la personalidad, la imagen y las circunstancias, desde todo lo que se es y lo que se quiere ser. Quien te conoce puede aceptarte, quererte y darte placer casi como tú mism@. Decorar el ambiente o pasar tiempo en un ambiente especialmente decorado para la ocasión permiten personalizar ese momento de intimidad permitiendo abrirnos más rápido al placer. La comodidad y la tranquilidad pueden llegar a confundirse con lo placentero que nos genera el otro colaborando en crear una experiencia casi sexual.

¿Qué otras actividades sensuales sin sexo practicas a diario? ¿Cuáles te gustaría practicar pero no encuentras aún compañer@/s no sexual/es con quien/es compartirlas?

Quizá me acusen de promiscua sensorial, al proponer que con cualquier persona podemos compartir sensaciones de éxtasis casi sexual aunque no haya coito, aunque no haya amor, aunque no haya atracción siquiera. Sea lo que sea lo que intentemos creer, lo que estén intentando hacernos creer, o lo que yo desee comunicar, no está de más intentar el experimento erótico de llevar nuestras sensaciones de cama fuera de sus límites, y así ampliarlos hasta que el mundo entero sea nuestra cama, hasta que mirar sea como tocar, oler como acariciar, hablar como penetrar.

Esa transformación no es fácil, y poco tiene que ver con lo reproductivo. El espacio/tiempo disponible para descubrirnos como seres sensuales es breve, además de estar bombardeado por estímulos visuales que fomentan una sexualidad compulsiva y una sensualidad homogénea, por enseñanzas biológicas, consejos culturales, requerimientos médicos y presiones sociales. Queremos creer que primero es el sexo y después la sensualidad, pero tal vez el sexo sea el clímax de un conjunto de crecimientos, desarrollos, percepciones, reconocimientos, propios y del entorno, que nos van transformando en seres más permeables a disfrutar cada pequeño placer como si fuera un placer de cama.

Vida sexual sería entonces un concepto redundante, porque tendríamos presente que vida sin sexo y sexo sin sensualidad, no es vida. Se puede tener sexo sin sensualidad y se puede compartir un momento sensual sin tener sexo. Tal vez esto último es más difícil y requiere de una intimidad emocional/espiritual que muchas veces no dedicamos a la cama.