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14 feb. 2016

Seguridad de cama

 Publicado el 22.06.15 en Diario El Pilín

El hombre machista suele comparar a la mujer con su automóvil, hablar de su experiencia sexual en términos de kilometraje, siempre estar dispuesto a cambiarla por un último modelo y, desde el feminismo, esta forma de generar una constante competencia entre la mujer y el auto en un proceso de evidente objetización, fue criticado. Pero a lo mejor, algo hay de similar entre las camas como vehículos de placer y los transportes que utilizamos para llegar a nuestros destinos. 

Muchas veces nuestras idas y venidas entre cama y cama, como las que ocurren entre calle y calle, se ven complicadas por las idas y venidas de otras personas: muchas veces doblando en la esquina del amor cuando tendrían que haber salido a la autopista del sexo “casual”; muchas otras veces manejando sin frenos ni cinturón de seguridad para condenarse a la crónica de accidente anunciado que son los hijos no deseados; otras más dando vueltas de noche con el pago del seguro vencido esperando a alguien en quien estrellarse.

Si pudiéramos establecer algún tipo de paralelismo, a modo de ejercicio de la imaginación, entre personas y objetos, quizá tal vez también podríamos encontrar similitudes entre autos y camas: el sistema de transporte colapsado y aún insuficiente, además de ecológicamente irresponsable; la inestable convivencia social entre traslados; el costo creciente de moverse de aquí para allá; la imposibilidad de mantener las rutas físicas y mentales en buen estado y la capacidad de prevenir todos los incidentes. Si así fuera, quizá encontraríamos similitudes en los consejos de seguridad vial que nos recuerdan diariamente que vivimos y nos transportamos en sociedad y las recomendaciones mínimas de seguridad de cama, pensados como una sextiquette. Por ejemplo:

La concientización de los conductores ha supuesto la mayor aportación a la disminución de los accidentes. De hecho, el factor humano está presente en el 90 por 100 de los accidentes.

Los estados afectivos y emocionales distraen la atención del conductor y le inducen a ejecutar maniobras precipitadas o erróneas. Si las preocupaciones, los compromisos previos o el cansancio le impiden mantener la atención (o hasta la erección), es mejor no conducir.

Conducir durante un tiempo prolongado produce fatiga y cansancio. Pare cada dos horas o al menor síntoma de cansancio antes de arriesgarse a maniobras peligrosas como promesas, comparaciones, información detallada del pasado sexual.

Los prejuicios disminuyen el campo de visión, alargan los tiempos de reacción y dificultan la coordinación social sexual.

El conductor no puede atender con eficacia a muchos estímulos a la vez, por ello, se debe evitar distraer la atención con otras tareas distintas a las relacionadas con la propia conducción, como fumar, hablar por teléfono, comer, beber, etc.

Mantenga su nivel de alerta en relación con el entorno que le rodea para anticiparse en la toma de decisiones y en la ejecución de maniobras previendo las reacciones de los demás conductores o peatones, la respuesta del cuerpo y las posibles variaciones del medio.

La velocidad debe ajustarse a las circunstancias del tráfico y de la vía, ambientales y a la capacidad del vehículo y del propio conductor.

No conducir a contramano, hacia callejones sin salida ni en zonas peatonales; mucho menos cuando algún cartel o autoridad de tránsito le indique CAMINO CERRADO.

Tener sumo cuidado cuando se ha pedido prestado un vehículo a un amigo o conocido de devolverlo en las mismas condiciones en las que lo recibió.

No co-conduzca con personas inhabilitadas para tal función: menores de edad, personas en estado de conciencia alterado o quienes directamente no saben conducir.

La humedad y la lluvia forman sobre el pavimento una película lubricante que facilita el deslizamiento del vehículo, pero dificulta el frenado (por ejemplo, al escuchar un te amo).

Con el pavimento mojado, o cerca de una ruptura sentimental, debe reducirse la velocidad y aumentar el espacio con el vehículo precedente pues la distancia de frenado se alarga.

Así que quizá no seamos en la cama mucho más que conductores en calles que no aparecen en ningún GPS. No hay garantías de llegar al destino del placer sin estrellarse o equivocar el camino, pero al menos, todavía nos quedan algunos consejos de seguridad.