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15 feb. 2016

¿Qué hice? ¿Qué sentí? ¿Qué pensé? (Parte III)

 Publicado el 31.7.14 en Tantras Urbanos

En cada encuentro sexual se alinean nuestro cuerpo, mente y alma. O deberían. Cuando el cuerpo actúa como vehículo del placer y nuestros sentimientos no se interponen en su camino, nos queda el último escalón, que la mente no se interponga. Lo que pensamos sobre lo que hacemos y sentimos es una reelaboración de los hechos. La reflexión en muchos casos ayuda al autoconocimiento, a intentar repetir lo que nos gustó y a evitar lo que no; pero otras veces interfiere con nuestra capacidad de sentir placer o de no resentirlo. Si el recuerdo es pensamiento que siente, pensar es, en realidad, recordar. Lo que hicimos, lo que sentimos. Buscarle razones, lógicas, intenciones, posibilidades futuras. Queremos comprender nuestra sexualidad de forma integral cuando todavía no logramos vivirla e incorporarla a todas las esferas de nuestra vida de forma íntegra. Si nos seguimos fragmentando en cuerpo, mente y alma, ¿podremos alguna vez hacer, sentir y pensar como un todo?
Los pensamientos que logramos hacer conscientes son una suerte de punta de iceberg, el resto queda sumergido en la oscuridad de la mente. Un porcentaje de nuestro pensar tiene que ser inconsciente para que podamos funcionar como personas. ¿Te imaginas ser consciente de absolutamente todo: el aire que respiras, el bombeo de tu corazón, los procesos de tus órganos, cada pequeña sensación que dispara estímulos en tus sentidos? Te volverías loc@. Para sentir, no hace falta saber por qué o qué sentimos. Para hacer, podemos elegir hacer sin pensar o pensando. También podemos elegir no repensarnos tanto y dejarnos ser. Los pensamientos que hablan en voz más alta son los que llegamos a escuchar e intentar conectar con lo que sentimos y hacemos. Hacer es el pasado, sentir es el ahora y pensar es el después.
No siempre pensamos lo que hacemos y no siempre hacemos lo que sentimos. Cuando estamos seguros de lo que pensamos y de lo que queremos sentir, podemos hacer y dejar hacer tranquilos.
Que pensar no sea un obstáculo en nuestro sentir, y sentir no sea un obstáculo en nuestro hacer es todavía un desafío en nuestras sociedades, tanto dentro de la cama como fuera de ella. Que lo que otros piensen sobre lo que sentimos, hacemos o pensamos no sea un obstáculo en nuestro hacer es todavía un desafío en nuestro interior y una presión social del exterior cada vez más validada culturalmente.
¿No te ha pasado que te gusta lo que hiciste porque lo sentiste pero lo que pensaste te da culpa o remordimiento? ¿O que lo que hiciste y sentiste te dio placer pero luego lo que pensaste te hizo dudar de lo que habías sentido en un principio, y por ende, hasta de lo que habías hecho?
El placer no se piensa y las consecuencias del placer son impensadas, pero no impensables. Cada quién sabe cuánto hace, cuánto siente y cuánto piensa. Cada quien sabe qué hace de más y que hace de menos. No sé si hacer más, sentir más y pensar menos nos hará más felices, pero hacer lo que sentimos, sentir lo que hacemos, pensar antes de hacer y pensar después de sentir, pero poniendo un límite al pensamiento para no limitar el sentir y el accionar, no puede hacernos más infelices. Les presento esta publicación en tres entregas con la esperanza de que logremos coherencia entre lo que hacemos, sentimos y pensamos en nuestras actividades sexuales (o fuera e ellas) en la búsqueda del placer verdadero de ser un@ mism@.

¿Qué pensé?

Me callé los <<teamos>>  hasta el punto de silenciar hasta los orgasmos. Pensé que así te amaría menos, pero lo único que logré fue sentirte y que me sintieras menos.
Pensé que si no te pensaba no te sentiría pero te sentí sin pensar.
Pensar que un día te quise, una noche te hice mí@ y una mañana te sentí por última vez.


Te pensé tantas veces que te gasté con el pensamiento. Te pensé tan íntimamente que ni mis manos pudieron llegar tan profundo.
Reconstruí con el pensamiento esa noche hasta sentir que cada idea de ti era una mano que me masturbaba.
Supiste qué hacer conmigo, pero no supiste qué hacer contigo después de lo que hicimos. Ni qué pensar de nosotros.