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15 feb. 2016

¿Qué hice? ¿Qué sentí? ¿Qué pensé? (Parte II)

Publicado el 24.7.14 en Tantras Urbanos

En cada encuentro sexual se alinean nuestro cuerpo, mente y alma. O deberían. Estamos acostumbrados a que sentir involucra siempre el corazón, porque confundimos sensaciones con sentimientos. La diferencia entre sensaciones y sentimientos podría ser la consecuencia: la sensación no tiene consecuencia y el sentimiento, si te haces cargo de él, necesariamente te impulsa a un cambio, ya sea de actitud, de posición o de compañero sexual. La diferencia entre sensaciones y sentimientos podría ser la profundidad: las sensaciones te tocan el cuerpo a nivel piel, incluso a veces la mente a nivel subcutáneo pero los sentimientos tocan lo que tenemos dentro. La diferencia entre sensaciones y sentimientos podría ser la causa: podemos generar sensaciones específicas en el otro y saber qué las genera en nosotros, pero los sentimientos se autogeneran, son independientes de nuestro cuerpo y hasta a veces, de nuestra mente. La similitud entre sensaciones y sentimientos podría ser que ambos pueden partir desde el cuerpo o la mente, pero siempre acaban tocando nuestro ser más íntimo, aunque con distinta intensidad.
Hay sensaciones que se transforman con el tiempo en sentimiento y sentimientos ausentes de sensaciones. Hay sensaciones que se creen sentimientos y sentimientos a los que les gustaría ser sensación. Lo efímero de la sensación es, muchas veces, lo placentero de la sensación. Lo inevitable del sentimiento es, casi todas las veces, lo peligroso del sentimiento. Sentir siempre involucra un riesgo, que a veces estamos dispuestos a asumir y otras veces, queremos evitar. No hay anticoncepción para el alma y aunque la hubiera, igual que la otra, no sería 100% eficaz. El sentimiento es el futuro de la sensación y la sensación es el pasado del sentimiento.
Queremos sentir algo, queremos sentir a alguien o sentirnos alguien, pero a veces tenemos la sensación de que en ciertos momentos o con ciertas personas, sentir excede la inversión energética que queremos o podemos hacer y entonces ahorramos incluso en las sensaciones. Esa conjunción de todo nuestro ser, que no siempre alcanzamos, se refleja en un acuerdo entre lo que hicimos en la cama y lo que pensamos después sobre lo que hicimos. ¿No te ha pasado que te gusta lo que hiciste pero no lo que sentiste? ¿O que lo que hiciste y pensaste te dio placer pero luego lo que sentiste te dio miedo o vergüenza? Les presento esta publicación en tres entregas con la esperanza de que logremos coherencia entre lo que hacemos, sentimos y pensamos en nuestras actividades sexuales (o fuera e ellas) en la búsqueda del placer verdadero de ser un@ mism@.
¿Qué sentí?
Me sentí desaparecer en el torrente de tu pasión como una hoja verde que cae sin destino propio.
Sentí que el yo se me quebraba en mil pedazos como espejos para reflejar los trozos de un nosotros que no resistió ser tú y yo durante más tiempo.
Sentí que mi cuerpo, como una marioneta, bailaba al ritmo de tus gemidos buscando tocar algún hilo suelto de tu espíritu, mientras tiraba de los míos.
Sentí que te amaba y me amaba. No, sentí que nos amábamos. Tal vez el verdadero amor sea esa breve eternidad del orgasmo.
Sentí que amar, querer, enamorarse y disfrutar tal vez sean una sola cosa.
Sentí que ningún pensamiento puede existir cuando la sensación se desborda y supe que ningún sentimiento puede ramificarse de una sensación si el pensamiento se lo impide.
Me sentí viva que es como sentirse muerta pero con consciencia de la entrega, de ceder cada espacio de piel, pensamiento y sensación por voluntad propia.
Sentí que quería marcar el camino del placer con las migajas de los besos, caricias y humedades que tan bien conozco para poder volver a sentirme así cuando quiera.
CONTINUARÁ...