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15 feb. 2016

¿Qué hice? ¿Qué sentí? ¿Qué pensé? [Parte I]

Publicado el 17.7.14 en Tantras Urbanos

En cada encuentro sexual se alinean nuestro cuerpo, mente y alma. O deberían. Estamos acostumbrados a hacerlo sólo con el cuerpo, y a esto le llamamos sexo sin amor. O hacerlo solamente con el alma, y a esto le llamamos hacer el amor. La creencia popular es que esta alineación se da nada más cuando encontramos a una persona especial, pero ¡oh casualidad! todos tenemos algo de especial cuando hay alguien dispuesto a mirar con detenimiento. No todas las personas con las que nos acostemos serán la persona con la que queremos casarnos, si es que queremos casarnos alguna vez. Empecemos de nuevo. No todas las personas con las que nos acostemos serán la persona con la que queremos compartir nuestra vida, si es que queremos compartir nuestra vida con alguien. Empecemos de nuevo. No todas las personas con las que nos acostemos serán la persona con la que queremos despertar por la mañana. Aceptar esto hace más fácil comunicar objetivos de cama, encontrar quien los comparta y pueda disfrutarlos con un@.
El miedo a sentir algo en la cama porque podría ser amor, o a hacerlo sin amor porque podríamos sentirnos vacíos, también es algo que hemos aprendido culturalmente. Si nos dejamos ser y hacer, no hace falta ponerle límites al cuerpo, la mente o el alma en la conexión con el otro. El mundo que creamos en la cama se autodestruye fuera de sus límites si no continuamos la construcción. Y continuarla o no es un acuerdo.
Esa conjunción de todo nuestro ser se refleja en sentirse bien tanto con lo que hicimos en la cama, como con lo que sentimos y pensamos después sobre lo que hicimos.
¿No te ha pasado que te gusta lo que sentiste pero no lo que hiciste? ¿O que lo que hiciste y sentiste te dieron placer pero luego lo que pensaste arruina el momento?
Les presento esta publicación en tres entregas con la esperanza de que logremos coherencia que lo que hacemos, sentimos y pensamos sobre nuestras actividades sexuales en la búsqueda del placer verdadero.

¿Qué hice?

Te esperé desnuda entre las sábanas y me abrí para ti sin palabras ni más juegos previos que la espera.
Te dejé gastar mi cuerpo porque me pareció un precio lógico para pagar por tanto placer.
Hice de nuestro deseo un caldo en el que hervimos juntos sin más condimentos que la pasión.
Preparé una delicia distinta en cada entrada de mi cuerpo y te tuve perdido en el laberinto de mis placeres una pequeña eternidad. No estoy segura de que no estás todavía allí, intentando liberarte de mí y encontrarte a ti mism@.
Reté a la imaginación y le gané el juego. La realidad de nuestro placer es fantasía cumplida.
Fui tuya, mía, nuestra y de nadie. Fui tan mía que no hubo parte mía que pudiera negarte o parte tuya que no te reclamara.
Enterré tus dudas en abismos de carne para que vengas a desenterrarlas cuando te acosen las preguntas existenciales.
Intenté enamorarte los sentidos sin enamorarte, sin preocuparme por el enamoramiento de los míos.
Escalé, placer por placer, los peldaños de tu cuerpo y tu mente hasta llegar al descanso de tu espíritu.
Olvidé de qué estaba hecha mientras intentaba descubrir de qué estabas hecho y aprendí que junt@s estamos hechos de nada.
CONTINUARÁ...