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13 feb. 2016

Lo que viene, pero sobre todo, lo que va


 Publicado el 05.03.15 en Tantras Urbanos

Dicen que lo que va, vuelve. Se habla de karma, del universo, de la ira de dios (o de los dioses), de la onda vital, del inconsciente colectivo, de como de una manera u otra terminamos pagando nuestras deudas espirituales, sino generándonos otras nuevas. De que todo lo que uno proyecta, con fe y esfuerzo, se consigue. Todo esto tiene su lógica en un estado de sintonía del ser con lo que lo rodea que hoy no existe.
Poco se habla de lo que pasa cuando a pesar de toda la buena vibra, ganas y deseo que se le pone a algo o a alguien, no se concreta. Esos momentos en que hiciste lo que había que hacer, dijiste lo que había que decir, pensaste lo que había que pensar y arriesgaste lo que había que arriesgar y aún así no funcionó. Esos pequeños fracasos con regusto a justicia poética o castigo divino.
Y mucho menos aún se habla sobre lo que devolvemos de acuerdo a lo que vino. Este es el momento exacto en que se crean los círculos viciosos, esos bucles del universo de los que nos es difícil salir. Cuando decides inconscientemente que van a gustarte solo las personas a las que no les gustas y sigues intentando gustarles indefinidamente. Otra forma de entener un círculo vicioso amoroso podría ser la historia que cuentan el libro (y la película) Great Expectations, de Dickens.
Para mí la forma de cortar los malos recuerdos, los malos ciclos, las malas experiencias, es no devolver lo mismo que se recibió cuando lo que se recibió fue negativo. Por ejemplo: si de pequeñ@ tu mamá te gritaba constantemente y eso te hacía sentir mal, cuando tengas hij@s, si es que eliges tenerl@s, no les grites de ese modo. Lograr esto lleva un gran trabajo interno de comprensión, de perdón, de generar cariño desde la falta de cariño, de desearle algo mejor de lo que te tocó a los que te rodean y a los que vienen después.
Una de las formas más crueles de vengarse generalmente es desquitarse y descargarse en otros ajenos a la situación original. Ejemplo de esto es el/la que te engaña porque le rompieron el corazón o el que tiene sexo anal con poco cuidado o con violencia porque a él/ella se lo hicieron así. En estos casos, por la razón que sea, no se ha logrado perdonar, de alguna manera un@ termina siendo culpable de haber permitido este desquite, esta descarga, e incapaz de perdonarse a un@ mism@, se continúa el círculo vicioso en los demás.
Esperamos recibir algo bueno, pero muchas veces, no nos damos cuenta de lo que damos. La teoría es muy linda: va algo bueno, viene algo bueno. Pero no es tan simple como eso. Tampoco nos damos cuenta de que, cuando no lo recibimos, lo que enviamos son quejas, rencores, arrepentimientos, amenazas y malas vibras en vez de intentar seguir siendo positivos. No necesariamente todo lo que viene tiene que ser bueno para que lo que va lo sea.
No te estoy hablando de poner la otra mejilla, cachete del culo o la otra teta, sino simplemente de canalizar, de dejar estar, de elegir qué vale la pena transmitir como información social, como elemento replicador en la memoria de la especie, más allá de lo que se haya recibido.
Una buena vida sexual tendría que ser, además de una explosión de erotismo espontáneo, un medio para facilitarnos llevar una buena vida no sexual. El sexo tiene un rol fundamental en esto de centrarse de nuevo en un@ mism@ cuando el mundo intenta descentrarnos. En esto de convertir hasta lo menos placentero en disfrutable. En esto de seguir intentando dar placer a un@ otr@ aún cuando todo y tod@s los demás nos generen desplacer.
Sea lo que sea lo que viene, de aquí en más, de mí en más, lo que va, es placer.