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15 feb. 2016

Horrores sexuales en general

Publicado el 21.8.14 en Tantras Urbanos

Todos cometemos errores, pero crear una lista de los frecuentemente cometidos por hombres o mujeres en la cama, me parece una forma de fosilizarlos más que un medio para ayudar a corregirlos. Cuando se transmiten de generación en generación y de género en género, sin aprender a comprenderlos y superarlos, nos estancamos en el camino de la evolución sexual global y dejamos de concentrarnos en el placer que podemos dar y recibir para enfocarnos en lo negativo.
Cuando un@ educador@ encuentra errores ortográficos constantes y que evaden las sucesivas correcciones repitiéndose escrito tras escrito, los llama irónicamente horrores ortográficos. Cuando una sociedad encuentra errores de cama constantes y que evaden los intentos, si es que los hay, de modificarse como conductas nocivas para la salud sexual, no los llama pero son horrores sexuales. Leo detrás de cada uno de los equívocos que supuestamente son patrimonio de la sexualidad masculina o femenina, una ideología, una forma de pensar, una necesidad de que todos pensemos de la misma forma, de que seamos hombres y mujeres de la misma manera, hasta de que cometamos los mismos descuidos en el ejercicio de nuestra sexualidad.
Hombres y mujeres son expuestos en sus peores momentos, vulnerables porque están siendo vulnerados en su derecho al olvido y a mejorarse a sí mismos. Y cada vez que pasamos nosotros por la misma experiencia, nos sentimos ejemplificadores vivos de esas “fallas de género” que aparentemente no hemos sido capaces de madurar con el paso de los años socialmente (o que se supone que nunca seremos capaces de superar), y con el paso de las experiencias sexuales, individualmente. Tal vez ése sea justo el objetivo secundario de quienes comparten material de este tipo: con tal de atraer la atención, no se fijan en el daño moral que podrían estar infligiendo, en el techo social simbólico que añaden a esas paredes mentales que fuimos construyendo solos y que no nos dejan ver más allá de las faltas de cama propias y ajenas.
Hasta puedo imaginarme a un grupo de personas del mismo género reelaborando todos y cada uno de sus fracasos de cama, apilando malos recuerdos húmedos como ladrillos, uno encima de otro hasta crear un muro berlinesco entre su percepción de género y las realidades de género.
Si cada persona aporta un muro mental en vez de un camino experiencial, nos alejamos del otro y alejamos al otro de nuestra cama. Casi adosadas a estas equivocaciones que parecieran formar parte de la “naturaleza” sexual masculina o femenina, vienen las quejas sobre decepciones amatorias personales disfrazadas de juicio global.
Aceptamos en la vida que de los errores se aprende; entonces, de los errores de cama además de aprender, deberíamos poder disfrutar. Podría decirse que cada vez que nos equivocamos sexualmente estamos más cerca de perfeccionar el placer; habría que equivocarse seguido (porque para equivocarse seguido habría que tener sexo seguido) y permitirnos errar a nuestra manera y no como se espera de nuestro género que lo hagamos. Quizá esto nos acerque a conocernos un poco más individualmente, y al hacerlo, dejar de esperar que otros lo hagan y poder hacernos cargo de nuestras fallas tanto como responsabilizar al otro por las suyas, personalmente en vez de a través de “culpas de género”.
Los que aparecen de forma recurrente como errores de la mujer (heterosexual) de ayer y de hoy, son: llorar o tener una crisis después del sexo, fingir el orgasmo, penetrar el ano sin preguntar, poner peros o jugar de difícil, poner cara de asco durante el sexo oral, excitar al otro y decir que no, comparar con los ex o hablar de experiencias sexuales pasadas, hacerlo sin ganas, quejarse de la duración, creer que el otro tiene el deber de ser cariñoso o te debe una relación, decir que se es virgen cuando no se lo es, faltante de iniciativa sexual, ver demasiado poco porno o no verlo.
Los que aparecen de forma recurrente como errores del hombre (heterosexual), son: saltarse los juegos previos, masturbar con demasiada energía, penetrar antes de que la mujer esté lista, mentir para conseguir sexo, maltratar los pezones, el clítoris y áreas sensibles, sujetar y empujar la cabeza durante el sexo oral, presionar para realizar prácticas no deseadas, eyacular sobre o dentro de ella sin acodarlo antes, sobrante de iniciativa sexual, no querer hablar de sus otras experiencias sexuales, ver demasiado porno, no aceptar un no como respuesta.
Los que aparecen de forma recurrente como errores comunes son: falta de higiene, no comprar condones, quedarse acostado sin hacer nada, falta de colaboración en los gastos sexuales, desacuerdo en la forma de compartir al mundo un acto privado, dificultades para coordinar tiempo y lugar para desarrollar la vida sexual (genital).
Todos cometemos equivocaciones, en la cama y fuera de ella, lo que es un horror sexual es creer que hay errores específicos de mujeres o de hombres. Demos nuestro pequeño paso para la humanidad y gran paso para el individuo: transmitamos de generación en generación y de género en género los aprendizajes sexuales además de los desaciertos. Y el placer que sentimos corrigiéndolos.