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Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

15 feb. 2016

Horrores sexuales en específico

Publicado el 4.8.14 en Tantras Urbanos

Tod@s cometemos errores en la vida, y la cama, como parte de la vida, no es una excepción. Pero tanto en la vida sexual como en la no sexual es imposible cometer exactamente el mismo error dos veces. Algo cambia en nosotros, en el otro, en el ambiente, en la intensidad, en la intención, en las consecuencias, incluso hasta en las ganas (o su ausencia) de enmiendo. Me comentaron que suponiendo que de todo vamos aprendiendo, si repetimos los errores entonces ¿no hemos aprendido? Pero, si ese supuesto error te da placer, y si encima encuentras a otros que disfrutan equivocarse contigo, ¿qué es acierto o desacierto en la cama? ¿Y quién decide qué lo es? Si el único error sexual es no disfrutar, en realidad, nunca nos equivocamos.
Quizá pensar en la cama como una escuela sea un concepto infantil y nos hable de una sexualidad global estancada en un estadio inmaduro. Pensar que tod@s disfrutamos de la misma manera y que para tod@s tal o cual práctica constituye un fallo es desconocer el placer mismo. Institucionalizamos la cama como algo que puede tener un organigrama de autoridades, reglas básicas generalizables a tod@s, roles específicos pre-asignados a tal o cual género u orientación sexual.
Pero no todo lo que pasa en la cama es institucionalizable. Pedimos a gritos que nos normalicen, que nos digan qué hacer y qué no, nos refugiamos en las diferencias del envase masculino o femenino en el que nuestra esencia es contenida en este mundo físico. Quizá podamos aprender de nuestros errores como personas de forma individual pero para evolucionar desde la consciencia de género me parece necesario avanzar desde los logros y no desde las fallas.
Aceptar que todos los hombres cometen los mismos errores de cama con cada mujer como si todas las mujeres fueran la misma o que todas las mujeres encuentran poco placenteras las mismas prácticas masculinas es desconocer que somos seres únicos e irrepetibles.
La compatibilidad sexual depende de muchos factores: experiencias, percepciones, gustos, intenciones, fantasías, niveles de riesgo que estamos dispuestos a asumir, por ejemplo. Lo que para una persona puede ser imperdonable, para otra puede ser placentero. Cuando generalizamos como si fuéramos representantes de un colectivo y no individuos, terminamos haciéndonos cargo de todo lo que suponemos que un género ha hecho mal tradicionalmente en su camino de cama más tradicional, en vez de hacernos cargo de los propias metidas DE PATA y formas de solucionarlas.
Aprender de nuestros errores de cama es justamente dejar de acumularlos a modo de listas y atrevernos a disfrutar de lo que nos gusta y de lo que le gusta al otro sin estar pensando que porque es mujer tal o cual cosa no gusta o que porque es hombre tal o cual cosa no funciona. Lo que hoy puede no gustarnos, puede gustarnos mañana. Lo que con una persona podemos considerar erróneo con dos o tres o más o con otra puede resultarnos acertado.
¿Y quién dice que los hombres y mujeres de hoy continúan cometiendo sin aprender los mismos errores de los hombres y mujeres de ayer? Porque si me quieren hacer creer que el mundo/cama en el que vivimos/cogemos hoy es exactamente el mismo de ayer, de lo único de lo que me van a convencer es de que hace muuuuuuucho que no cogen.
Los errores de cama que aparecen de forma recurrente como errores (heterosexuales) femeninos son: llorar o tener una crisis después del sexo, fingir el orgasmo, penetrar el ano sin preguntar, poner peros o jugar de difícil, poner cara de asco durante el sexo oral, excitar al otro y decir que no, comparar con los ex o hablar de experiencias sexuales pasadas, hacerlo sin ganas, quejarse de la duración, creer que el otro tiene el deber de ser cariñoso o te debe una relación, decir que se es virgen cuando no se lo es, faltante de iniciativa sexual, ver demasiado poco porno o no verlo.
Yo encuentro en esta lista una postura mental hacia la cama, el placer, hacia la mujer que es el equivalente al misionero: el hombre siempre arriba, la mujer siempre abajo y nadie siente por aquí ni nadie siente por allá. Si te importa la persona, te importará cómo se siente además de cómo te hace sentir. Si no te importa la persona, existe un mínimo de responsabilidad humanamente esperable hacia el otro que es imposible evadir. Si no eres capaz de interesarte ni lo más mínimo en contener ciertas consecuencias emocionales que pueden ser efectos secundarios no deseados de tener sexo con alguien distinto a tu mano, tal vez no estés preparad@ para dejar de relacionarte con ella de forma exclusiva.
En vez de enojarse porque el otro fingió el orgasmo, sería válido replantearse por qué el otro tiene que hacer de cuenta que sintió placer en vez de sentirlo. La presión social y particular sobre la performance muchas veces lleva a querer creer que haga un hombre lo que haga, es deber de la mujer el sentirse satisfecha. El orgasmo no lo finge la mujer, SE FINGE DE A DOS. Uno hace de cuenta que siente, y otro hace de cuenta que le cree porque no tiene ganas de ocuparse más que del propio placer.
Muchas veces pedimos lo que no damos. ¿Cuántas veces un hombre te consultó antes de penetrarte analmente, con el pene o digitalmente? ¿Cuántas veces acepto un no a dicha práctica de buena gana? A veces, para que las reglas tengan validez real, tienen que serlo para ambos. Siempre lo he escrito, el hombre que mide la apertura sexual de una mujer hacia sí en términos de fácil o difícil, difícilmente tenga sexo con ella.
Si hacemos algo que no nos gusta, o si lo que hacemos no nos está gustando, es posible que pongamos cara de asco. Lo que no es posible es que una persona continúe el acto sexual como si nada ante una cara de asco y encima solicite un cambio de cara sin realizar un cambio de práctica. Si no tenemos ganas, no tenemos por qué sentirnos obligadas a tener sexo. Y nuestra falta de ganas no tiene por qué ser una evidencia expuesta en un juicio moral de género cuya condena es una cama no placentera perpetua.
Excitar y decir que no viene siempre a cuento de NO significa NO en cualquier etapa del acto sexual, antes y después. Hacer cargo a la mujer de la excitación del hombre es una forma más de reproducir las desigualdades de género y psicopatear el placer. Hombre, sé sincero, disfrutas tanto “tomar el mate” como “calentar el agua”, pero son dos actividades distintas, con distinta forma de excitación y tal vez habría que dejar de esperar que obligatoriamente sean consecutivas.
Eso de que en la cama la lengua no se usa para hablar es otra forma de expresar la falta de comunicación sexual que ha existido entre hombres y mujeres durante generaciones. No tener miedo a saber con cuántas personas se ha acostado alguien, si se está durando o rindiendo lo suficiente, qué placeres anteriores gustaría repetir, etc. Un hombre que evita hablar de su duración de forma sistemática puede estar ocultando un problema de eyaculación precoz que aún no está dispuesto a tratar. Un hombre que se enoja si no eres virgen de aquí o de allí o que juega a creer que lo eres y se enoja si el juego se acaba, se excita con un fetiche que sólo le permite disfrutar lo nuevo (y cuántas veces el marketing lo ha explotado y lo sigue explotando) y no contigo.
Ser claros con los objetivos sexuales y no sexuales ayuda a que nadie se confunda sobre hasta dónde puede llegar esa relación. Pero si acostumbras a mentir para coger, a decir te amo cuando no lo sientes y a enamorar para tener sexo, después no te quejes porque cosecharás tu mierda. Si una mujer sufre de aparente falta de iniciativa sexual, tal vez algún asunto importante esté obstaculizando el deseo y sea necesario resolverlo antes de de continuar (cogiendo). O tal vez (ya) no se siente sexualmente atraída por ti y es más sencillo culpabilizarla por sentirse así que empezar a buscar junt@s formas de reactivar el deseo.
Los que aparecen de forma recurrente como errores del hombre (heterosexual) son: saltarse los juegos previos, masturbar con demasiada energía, penetrar antes de que la mujer esté lista, mentir para conseguir sexo, maltratar los pezones, el clítoris y áreas sensibles, sujetar y empujar la cabeza durante el sexo oral, presionar para realizar prácticas no deseadas, eyacular sobre o dentro de ella sin acodarlo antes, sobrante de iniciativa sexual, no querer hablar de sus otras experiencias sexuales, ver demasiado porno, no aceptar un no como respuesta.
Yo encuentro en esta lista una postura mental hacia la cama, el placer, hacia el hombre que es el equivalente a hacerlo en cuatro patas: el hombre siempre al costado, la mujer siempre abajo y todos sienten por aquí y por allá pero sin saber muy bien cómo ni por qué (ni por donde).
Lo de los juegos previos es relativo, porque biológicamente hablando la mujer tarde un poco más que el hombre en estar lista para la penetración, no quiere decir que no haya mujeres que disfruten hacerlo sin previa o que no estén listas después de un buen beso, una caricia intencionada o algún que otro detallito físico que sepas que le guste. Lo de maltratar los pezones, clítoris y áreas sensibles también es relativo. Cada vez son más las mujeres que se animan al BDSM y a convertir el dolor en placer de manera CONSENTIDA. Es posible que lo sigamos discutiendo, errores, horrores y fosilización de prácticas de cama mediante sea otra vez el tema del consentimiento de todas las partes involucradas en el acto sexual.
Quien diga que a la mujer no le gusta que la masturben con demasiada energía es porque quizá no ha masturbado a una mujer durante el tiempo suficiente. Cada genital tiene sus indicaciones y contraindicaciones de uso generales y específicas (casi tanto como además las tienen las personas que rodean a esos genitales). Sujetar y empujar la cabeza durante el sexo oral es una práctica que algunas mujeres reciben como agresiva, dominante e incluso como una obligación a continuar dando sexo oral contra su voluntad. También viene de la mano de aquello de sigue, sigue, que yo te aviso… pero no te avisé, práctica tradicionalmente tan común que es imposible culpar a una mujer de sentir recelo ante esa mano que sujeta y empuja. Pero, también muchas mujeres lo sienten como una forma de saber el ritmo y profundidad que desea su compañero y como una situación de poder cedido de antemano en la que puedes elegir terminar con su placer cuando quieras. Tal vez haya que modificar la forma, no la práctica en sí. Y ante la duda, preguntar si molesta o no. Es un buen antídoto para la enfermedad de pensar que en la cama y fuera de ella, tod@s los hombres y las mujeres somos exactamente iguales y sentimos lo mismo durante tal o cual actividad de cama.
Hombre, mujer, otro, nunca debes intentar convencer al otro de que realice una práctica que te ha dicho que NO desea realizar. Cualquier intento de justificar el convencer al otro, el forzarlo, el presionarlo, tiene que ver con el acoso en su comienzo y con la violación en su final. Punto. Tampoco es cierto que el hombre esté siempre listo, que le dé lo mismo acostarse con una mujer que con otra y que nunca tenga que decir que NO. Si paramos la presión generada por estereotipos sobre un género, casi automáticamente se libera la tensión generada también en los otros.
El tema de la eyaculación es más largo de discutir que el tiempo promedio que dicen que tarda un hombre promedio en eyacular. Hay mujeres que adoran el sabor, textura, olor y contacto con el semen y otras que lo odian. Hasta me he cruzado hombres a los que les da asco su propio semen. Hay mujeres que son alérgicas (sí, aunque parezca mentira) tanto como hombres que son alérgicos al látex (los que lo son de verdad, no los que dicen que lo son para no usar condón). También hay hombres a quienes el squirting o eyaculación femenina les parece algo raro, asqueroso, les molesta, intentan no provocarlo. Por pegajoso que sea el tema, no hay mucha opción más que aceptar el acercamiento del otro a nuestros fluidos o aceptar acercarse a otros que se acerquen a nuestros fluidos como nos gustaría que se acercaran. Y no se vale acabar adentro sin consultar, sin haberse informado mutuamente de temas de salud a través de los estudios médicos correspondientes y sin haber acordado método anticonceptivo (eso, obviamente, si se quiere ser responsable).
Si bien me cruzo con muchas mujeres que no están de acuerdo con el nivel de consumo de porno de su pareja, no me cruzo con muchas mujeres que no vean porno aunque sea de vez en cuando o que no estén dispuestas a compartirlo. Muchas veces la sensación de ser dejada de lado como fuente de motivación sexual está en la raíz de las malas vibras femeninas hacia la pornografía. Otras veces existen casos de adicción al material pornográfico que exceden los límites de lo que es psicológica, física y racionalmente sano. Cada quien sabrá cual es su propio caso.
Los que aparecen de forma recurrente como errores comunes son: falta de higiene, no comprar condones, quedarse acostado sin hacer nada, falta de colaboración en los gastos sexuales, diferencias en la forma de compartir al mundo un acto privado.
Los requisitos mínimos de higiene no sólo varían de un género a otro (porque el cuerpo es distinto) sino también en diferentes estratos socioeconómicos, momentos de la vida, etc. Poder acordar un nivel de higiene aceptable para ambas partes es parte de la negociación sexual con y sin fines de lucro. La necesidad de un cuidado mínimo de uno y del/os otro/s ante los riesgos de cama hace indispensable que mejor que sobren los condones y no que falten, compremos tod@s, hombres, mujeres y otr@s. Un poquito cada un@ no le hace mal al bolsillo de ningún@: el viaje, el hotel alojamiento, los consoladores, lubricantes, el snack, lo que sea que necesitemos para acompañar el sexo, es divisible entre tod@s los participantes sin necesidad de jerarquías económicas de género.
El hecho de haber utilizado durante tanto tiempo el eufemismo “acostarse” para hablar de tener sexo ha dejado la huella de que algun@s piensan que para follar, con acostarse alcanza.
Cuando te acuestas con alguien que no sea tu mano, involucras a esa persona, un poquito, en tu vida sexual sino en tu vida. Cómo compartes después lo que hicieron puede responder a tu idea de privacidad pero no la del/os otro/s. Por respeto, sería importante preguntar antes de colgar las fotos o videos de porno casero de la noche anterior etiquetando o mencionando en tus redes sociales.
Erremos, pero dejemos de horrorizarnos de nuestros propios errores. Erremos, pero hagámonos cargo, no le echemos la culpa al haber nacido hombres, mujeres (u otros). Erremos, siempre y cuando, también disfrutemos.