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15 feb. 2016

Fue una década muy buena

Publicado el 18.09.14 en Tantras Urbanos

Frank Sinatra, It was a very good year. (Play and read)
 
Cuando tenía once años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para los dedos que finalmente encontraron las partes ocultas del cuerpo, para los cuadros que espiaban mudos pero no ciegos desde las paredes,
para las presiones sociales que sepultaron esas partes ya ocultas a diez metros bajo culpa.
Cuando tenía once años.

Cuanto tenía doce años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para el terror a la pérdida forzada de la virginidad física,
para la excitación de esconder del resto del mundo la sensualidad apenas encontrada.
Cuando tenía doce años.

Cuando tenía trece años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para la biología imponiéndose sobre la civilización,
para el modelo de belleza imperante adaptando la propia imagen al estereotipo a través de maquillajes, depilaciones, pesos, medidas…
y para el miedo a dar vida antes de haberla vivido.
Cuando tenía trece años.

Desde los catorce hasta los dieciséis años fueron unos años muy buenos:
fueron unos años muy buenos para la lectura como actividad masturbatoria,
para el malcogimiento del deseo insatisfecho preso en un cuerpo presa de la mente,
y la comprensión de que una vagina más un par de tetas no son una mujer, son partes de un cuerpo.
Desde los catorce hasta los dieciséis años fueron unos años muy buenos.

Cuando tenía diecisiete años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para los admiradores anónimos,
el sexo virtual y el erotismo de la palabra.
Hablar por horas fue como coger por horas cuando tenía diecisiete años.

Cuando tenía dieciocho años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para las primeras veces del cuerpo y las enésimas veces del alma,
para la repetición de estereotipos de cama y de género hasta su refutación,
para el agotamiento de las fantasías sexuales transformadas en realidades eróticas.
Cuando tenía dieciocho años.

Cuando tenía diecinueve años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para el amor que se disfraza de verdadero,
fue un año muy bueno para el sexo que se disfraza de bueno.
Cuando tenía diecinueve años.

Cuando tenía veinte años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para encontrar la delgada línea entre acabada y orgasmo y desdibujarla con placer,
fue un año muy bueno para dibujar con el intelecto la delgada línea entre los países limítrofes de Sexo y Amor.
Cuando tenía veinte años.

Cuando tenía veintiún años fue un año muy bueno:
fue un año muy bueno para perderse a una misma de cama en cama con la excusa de encontrarse,
fue un año muy bueno para curios@s, fanátic@s, arrepentid@s, falsas amistades, usuari@s recreacionales de drogas, los viejos verdes, las cougars, el movimiento swinger y los ex, aunque no haya sido un año tan bueno para mí.
Cuando tenía veintiún años.

Para mí los días siempre fueron cortos, mientras que las noches siempre fueron largas.
Aún no estoy en el otoño del año ni pienso en mi vida como un vino añejo de buenos y viejos barriles (aunque tal vez mis fluidos lo sean).

Desde el borde hasta la última gota, y lo vertía dulce y claro (y lo bebieron hasta amargo y oscuro).
Fue una década muy buena.