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Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

15 feb. 2016

Foreplay

Publicado el 2.10.14 en Tantras Urbanos

(Be)Fore, antes. Play, juego. El juego previo es todo eso que pasa antes de la penetración, que facilita la lubricación de las partes intervinientes del cuerpo, la relajación de la mente, la concentración erótica de todos los sentidos y una cierta apertura espiritual.
Algunas personas quisieran eliminarlo directamente, mientras que otras no podrían iniciar una relación sexual sin él. Se suele decir que las de género masculino pueden tener una erección con sólo pensar en sexo porque no necesitan de la previa, pero que las de género femenino no disfrutan la penetración a menos que se hayan reemplazado horas de sexo con caricias, palabras y demostraciones de afecto que preparen de alguna manera el ambiente. Es mentira (o mito, si les gusta más el término) que la mujer es de difícil calentar y el hombre es de combustión espontánea. Habría que ver qué hombre y qué mujer fueron elegidos para construir el estereotipo a su imagen y semejanza. Y de qué época eran.
Desde la biología podrán decirme tal o cual cosa del cuerpo femenino y tal o cual cosa del cuerpo masculino, pero si ambos cuerpos lubrican igual y si el clítoris es una especie de pequeño pene, podemos elegir centrarnos en las similitudes y no las diferencias en cuanto a nuestras necesidades o preferencias de cama. Además, el sexo no es una actividad simplemente física, la persona pone en juego todo lo que es, no solamente el cuerpo que tiene.
Se dicen muchas cosas, generalmente tendientes a promover desigualdad de géneros en vez de reflexión sobre las prácticas mismas y su aplicación por gusto o necesidad. Se habla mucho, también, del tiempo que debe o debería durar la relación sexual completa y el juego previo en particular, como si tod@s tuviéramos el mismo tiempo o ganas que dedicarle a la actividad sexual. En teoría, la previa debería durar un cuarto de la duración total, aproximadamente. Entonces, si follamos una hora, necesitaríamos tomarnos quince minutos de precalentamiento; si follamos dos horas, sería media hora de precalentamiento, y así. Yo no sé Uds., pero cuando lo hago estoy desnuda, desnuda hasta de reloj. ¡Qué digo! Desnuda hasta de tiempo.
Se recomienda como forma de mejorar la calidad de vida sexual, pero no se tiene en cuenta que las personas que practican sexo con regularidad mantienen la energía sexual en constante movimiento y quizá necesiten menos tiempo de preparación que las personas que lo hacen con menos frecuencia. Tampoco se tiene en cuenta que la química de la pasión es distinta entre las personas y que muchas veces la cercanía del sujeto del afecto (por no decir hasta su misma existencia) puede ser previa suficiente. El quickie es otro ejemplo de que no siempre se necesita invertir demasiado tiempo en las etapas de excitación antes de la penetración, y que la falta de foreplay puede ser una forma de juego previo en sí misma.
Al hablar de juego nos centramos en la sexualidad como actividad recreativa, lúdica. No me extraña, entonces, que en el pasado concibiéramos el sexo solamente con finalidad reproductiva, intentando diferenciarnos de los niños que no pueden procrear y que hoy nos animemos a jugar. Jugando volvemos a ser niños, aunque niños que tienen sexo. Esta sola idea puede representar un tabú porque no queremos aceptar que los niños tienen vida sexual aunque no sea social. La división tan marcada entre adultos y niños de épocas anteriores ha sido casi totalmente desdibujada en la actualidad por diferentes razones; quizá un cambio de percepciones de cama sea también una de ellas. Si pensamos el juego como algo infantil, y a la mujer en su rol de madre como más cercana al infante, queda más claro de dónde viene esa idea de que ellas NECESITAN (y no que prefieren) postergar el placer de la penetración usando los cuerpos como juguetes.
La previa sexual podría ser también un vestigio de los ritos de apareamiento de nuestra parte más animal justo en el momento en que empezó a adquirir rasgos de civilización. Queremos ser libres a través de la cama, pero no queremos liberarnos tanto que terminemos acostándonos con el animal mítico de nadie (ni siquiera con el nuestro). Una cacería de los sentidos en la que se gana si se logra finalmente follar, y se pierde si por falta de habilidad se desperdicia la oportunidad de hacerlo, podría equivaler a animales que se persiguen durante el celo hasta el momento inevitable del coito.
En la práctica, cualquier cosa puede ser juego previo, desde un perfume hasta una imagen borrosa, desde una caricia hasta una mirada; incluso a veces nos excitamos con situaciones, temperaturas, olores y sensaciones del entorno en vez de con la/s otra/s persona/s. Existen muchas formas de excitarse antes de una relación sexual que pueden o no ser catalogadas como foreplay de acuerdo a la intención de los participantes, y la mayoría de ellas suceden fuera de los límites de la cama:
Bailar. El movimiento, los roces, el sudor, la habilidad para llevar el ritmo, la conexión con el otro, el saber acomodarse al cuerpo del otro, el dejarse ser. Puede convertirse en una expresión vertical de un deseo más horizontal.
Una conversación interesante. Así como pueden dejar cicatrices eternas en nuestro ser psico-emocional, también pueden acariciarnos el alma y hacerla más permeable a contactos menos etéreos.
Comida afrodisíaca. Quizá se pueda estimular el apetito sexual a través de las comidas, quizá no, pero compartirlas con la/s persona/s que te atrae/n y disfrutar junt@s de forma no sexual puede llegar a sustituir la necesidad de precalentamiento.
Suficiente alcohol. Se dice que una o dos bebidas alcohólicas actúan como lubricante social. Es posible que entonces, tres o cuatro actúen como lubricante sexual. Aunque, mucho más que eso ya hasta puede jugar en contra.
Iluminación. Uds. sabrán si la apropiada es la oscuridad, a media luz, la luna, las velas o una pantalla encendida, pero a veces la visión de los cuerpos desnudos puede despertar la pasión casi automáticamente.
El clima. Hacerlo en condiciones meteorológicas adversas puede dar desde sensación de indefensión hasta de refugio del fin del mundo y prepararnos casi automáticamente para dar y recibir placer. Ciertos vientos, cierta forma de las nubes, cierta intensidad de la luz solar, también pueden generar sensaciones placenteras casi imposibles de no trasladar al terreno sexual.
El lugar. La playa, un parque, un jardín, una oficina desierta, un buen restaurante, un hotel cinco estrellas, la orilla de un río, una arboleda, etc, etc. Cuando cambiamos de ambiente o el que nos rodea cambia, podemos encontrar algo sensual que nos brinde una excusa que no necesitamos para las ganas que ya tenemos.
La situación. Peleas con la persona amada, estrés laboral, mal momento económico, nervios pre examen, crisis existenciales, celebración de éxitos o duelo por fracasos, etc, etc. Muchas veces lo que estamos viviendo nos hace más propensos a buscar consuelo entre otros cuerpos y actúa como previa en sí misma.
Oído y olfato. Dos de los sentidos que mayor memoria tienen podrían al escuchar la voz deseada, la palabra justa, una música inspiradora, el aroma esperado o inesperado, acelerar las ganas.
Sexo oral. Si bien una fellatio o un cunninlingus ya son catalogados como sexo, podría decirse que dentro de las actividades sexuales son las que más relacionamos con el precalentamiento.
Besos. En la boca o en donde sea, de los colores que sean, una sesión de besos puede elevar las temperaturas a alturas de las cuales no será fácil bajarlas. Recuerda ese momento anterior a la vida sexual social en que tu única forma de expresar tu deseo por otros eran esos momentos de intercambio de saliva y recréalo.
Masturbación. Si bien la masturbación ya es catalogada como sexo, podría decirse que dentro de las actividades sexuales es otra de las que más relacionamos con el warm-up.
Placer ajeno. Ya sea ver porno o escuchar o ver a otros teniendo sexo o en situaciones eróticas, no me digan que no es excitante y que no se puede hasta trasladar casi sin intermedios esa calentura de otros a nuestra cama.
Sobrevivir a un momento de peligro. El contacto con la muerte hace imperativa la reafirmación de la existencia. ¡Qué mejor manera de celebrar la vida que un orgasmo espontáneo y libre de inhibiciones!
Yo creo que el juego previo no existe, que todo lo que pasa desde que dos o más personas deciden que tienen intención de tener sexo, es sexo, antes, durante y después. Incluso que muchas veces, todo lo que pasa entre dos o más personas que aún no han decidido o que nunca decidirán tener sexo tiene algún elemento erótico. En ese sentido, la vida misma es el juego previo de la muerte.