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14 feb. 2016

Uno de los dos


 Publicado el 9.10.14 en Tantras Urbanos

Uno de los dos se tiene que enamorar.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tienen por qué ser mis sentidos.

Uno de los dos se tiene que decepcionar.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi expectativa.

Uno de los dos tiene que suicidar su deseo en el matrimonio.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi libido.

Uno de los dos tiene que pensar por los dos.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tienen por qué ser mis ideas.

Uno de los dos tiene que dar placer aunque no sea recíproco.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tienen por qué ser mi erotismo.

Uno de los dos tiene que hacer de ama de casa.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tienen por qué ser mis manos.

Uno de los tiene que parir.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi vagina.

Uno de los dos tiene que vivir para los niños.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi tiempo libre.

Uno de los dos tiene que ahorrar y administrar bien el dinero.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi bolsillo.

Uno de los dos se tiene que romper y reconstruir a sí mismo.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi ano.

Uno de los dos tiene que ser feliz sólo si los demás son felices.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi felicidad.

Uno de los dos tiene que ser fiel.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi curiosidad sexual.

Uno de los dos tiene que saber adónde ir.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi brújula interna.

Uno de los dos tiene que envejecer con gracia.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi experiencia.

Uno de los dos tiene que tener los pies en la tierra.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi cielo.

Uno de los dos tiene que ser la persona detrás de la gran persona.
Y no tengo por qué ser yo. Y no tiene por qué ser mi autoestima.

Uno de los dos, pero cualquiera de los dos.
Y no tengo por qué ser yo.
Ni mis sentidos.
Ni mi expectativa.
Ni mi libido.
Ni mis ideas.
Ni mi erotismo.
Ni mis manos.
Ni mi vagina.
Ni mi tiempo libre.
Ni mi bolsillo.
Ni mi ano.
Ni mi felicidad.
Ni mi curiosidad sexual.
Ni mi brújula interna.
Ni mi experiencia.
Ni mi cielo.
Ni mi autoestima.
Uno de los dos, los dos o ninguno de los dos.