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13 feb. 2016

Ando

Publicado el 19.02.15 en Tantras Urbanos

Caminar con las piernas completamente abiertas sería físicamente imposible.
Tanto como lo sería vivir con la mente totalmente abierta, aunque no lo sea vivir intentando constantemente abrirla.
Intento seguir caminando como quien se baja de un caballo después de horas (o años) de cabalgata: ya con ciertos dolores musculares, de cintura o espalda, cierta satisfacción por haber mantenido la apertura y el ritmo además de la sensación de que ya nunca se podrá volver a cerrar las piernas completamente.
Intento seguir abriendo la mente como quien se abre de piernas físicamente, estirando los músculos al máximo, sintiendo el dolor quemante de la apertura, prestando atención especial a la respiración, al erotismo y la belleza que existe en cada instante presente aunque duela existir, al esfuerzo bien recompensado, al placer sencillo de sentirse al límite de las propias fuerzas, a la incapacidad de volver a la posición inicial sin haber sufrido un poco, cambiado un poco y aprendido otro poco.
Las piernas abiertas no son piernas que nunca se cierran, sino piernas que se abren y se cierran cuando desean hacerlo, no por obligación, por temor, por presión social, por mandato cultural.
Las mentes abiertas no son mentes que nunca se cierran o que no han estado cerradas, sino mentes que se van abriendo y cerrando, entendiendo cada vez más, aceptando cada vez más, juzgando cada vez menos lo diferente, discriminando cada vez menos lo ajeno como inferior a lo propio.
Las piernas abiertas simbolizan, entre otras cosas, la sed de cariño y de placer que nos une casi inevitablemente en nuestra condición de humanos.
La mente abierta simboliza, entre otras cosas, la curiosidad universal y el deseo de develar el misterio de ser, que casi inevitablemente nos une en nuestra condición de seres espirituales.
Caminar con las piernas y las mentes completamente abiertas sería físicamente imposible, pero volar así, ir más allá de la condición humana así, quizá no lo sea (mental y/o espiritualmente).
Y ya sea que tengas las piernas cerradas y la mente abierta, las piernas abiertas y la mente cerrada, las piernas y la mente cerradas o las piernas y la mente abiertas, tenemos la oportunidad de seguir cada un@ sus pasos y encontrarnos en esas vueltas de camino en que nuestras pisadas se crucen, en el mismo tiempo y espacio o como pies que entran en las huellas de otros pies, en este lugar virtual que nos hace Tantras Urbanos en el mundo.