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Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

27 ene. 2016

Luces afuera


Priorizamos el sentido de la vista por encima de los otros sentidos. Quizá, porque es el que es más difícil bloquear, y por ende, más fácil invadir. Miles y millones de fotos de culos y tetas desconocidas nos hablan sin hablar. Y la respuesta la dan quizá, también sin hablar, los cientos y cientos de avatars de pene que se alzan en la web. Es una conversacion silenciosa, de esas que en otras épocas se daban en la alcoba, pero hoy hay más sexo afuera que adentro, más contacto sexual en la extimidad que en la intimidad.
Durante varias generaciones el mandato social a la hora de tener sexo era hacerlo con la luz apagada. La sábana con el agujero a la altura de los órganos sexuales colocada entre ambos cuerpos para asegurar el sexo reproductivo y no placentero, nos la quitamos del cuerpo y nos pusimos una venda sobre los ojos.
Es posible que una sociedad con menor interés y menor dedicación de recursos a la imagen lo hiciera principalmente para esconder la fealdad y evitar la discontinuidad de la especie por muerte de la libido, aunque la versión oficial tuvo que ver con el pudor.
Otra razón posible es que las conductas sexuales que no tuvieran como finalidad la reproducción, eran vistas como una perversión o desviación. Quizá, desde el punto de vista de quien considera que every sperm counts, era simplemente una pérdida de recursos valiosos.
Seguimos poniendo énfasis en que el hombre disfruta visualmente, y por eso la mujer se tiene que disfrazar de mujer para gustarle a ese hombre estereotípico: calzones con puntilla, portaligas, zapatos de taco, sostenes con push up, nada de pelos, arrugas o estrías. Anular el resto de los sentidos para enfocarse en uno no me me parece muy sensual que digamos.
Quizá esto no haya sido más que una excusa para tener derecho a presionar más a la mujer con su imagen. Y ha pasado en distintas culturas y con distintas partes del cuerpo, por ejemplo la antigua costumbre de pie de loto oriental, o la modificación del cuerpo como los discos de labio africano, el blanqueamiento de piel con plomo o la belladona en los ojos para generar el efecto de mirada perdida a pesar de la posible consecuencia de la ceguera europeos. Me pregunto si son tan distintos de las enfermedades que buscan llegar a ideales de belleza irreales como bulimia, anorexia y trastorno por atracón actuales.
Y además de la condena de tener que encajar en el estereotipo femenino como sea, viene la otra de que como se perfila a la mujer como un ser de gustos y placeres más integrales, disfruta más del tacto que de la vista, quedando claro que los hombres sí pueden ser feos y teniendo que conformarse con eso.

Imagen cortesía de: on-today.com

                     Imagen cortesía de: on-today.com

La oscuridad del lecho sexual fue disfrazada de recomendación ya que se decía que mejoraba la capacidad de intimar y permitía a la mujer, supuestamente más tímida como género, desinhibirse. Intentando encontrar un justo intermedio, nos vamos a los extremos, ya que hoy la presión es justamente la opuesta, la luz apagada hoy es sinónimo de malcogimiento.
Luces, cámara y acción. Cada habitación se convierte en un pequeño estudio de filmación pornográfica, donde cogemos para ser vistos, para ser filmados, para ser fotografiados. A mí, déjenme con la acción, sin cámaras y a media luz, con luz o luces afuera, que lo que cuenta adentro es otra cosa.
Yo como siempre, ni a favor ni en contra, a cada cosa su momento y a cada quien lo suyo. Las experiencias de hacerlo con la luz encendida o apagada son completamente diferentes, pero definitivamente no creo que dentro de los criterios de elección de tal o cual práctica o elemento de ambiance haya que contar la presión social, ya sea el pudor, la religión, la moda, la moral ni tal o cual buena costumbre.