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27 ene. 2016

Flojita y cooperando*

Publicado el 12.10.15 en Diario El Pilín

Las mujeres de cierta generación recordarán mejor que las de otras estas tres simples palabras que tan poco dicen por sí solas pero que tanto comunican sobre el sexo en la historia y la mujer en la alcoba.
Tres simples palabras como una soga al cuello del placer.
Tres simples palabras que podrían equivaler al holocausto de la sexualidad femenina.
Tres simples palabras como un verso en el poema del malcogimiento.
Tres simples palabras como una advertencia para el deseo.
Tres simples palabras como un imperativo sexológico.
Tres simples palabras como una amenaza de represalia ante la negativa.
Tres simples palabras como una esperanza de eterno sometimiento psico-sexual.
Tres simples palabras como un ideal de muñeca inflable de carne y hueso.
Tres simples palabras como un requerimiento del acto sexual.
Tres simples palabras como un destino de género.
Tres simples palabras como el más seco de los precalentamientos.
Tres simples palabras repetidas como un mantra a pijazos.
Tres simples palabras como una regla válida solo para quien mes a mes tiene la regla.
Tres simples palabras como una promesa de continuidad de la especie y discontinuidad del goce.
Tres simples palabras como un acuerdo firmado con semen por una sola parte.
Tres simples palabras como un mal recuerdo que no puede borrar ni el orgasmo consensuado.
Tres simples palabras que pusieron un límite en donde podrían haber existido horizontes.
Nunca más es el libro que habla de los horrores de la dictadura en Argentina. Ojalá estas tres palabras que dictó la pija dura pasaran a formar parte, también, de los horrores pasados y los nunca jamases de la historia no escrita de la sexualidad.
Flojita y cooperando, ¡nunca! O, ¡nunca más! En todo caso, vivita y culeando.

*Expresión machista que alude a que la mujer debe entregarse sin oponer ninguna resistencia. O que debe dejar que el tipo haga lo que se le ocurra con ella, sin protestar.
** Según @Pelvica, esta frase marcaba verbalmente el inicio de la llamada violación gris. En boca de distintos hombres, fue como una especie de pretexto para naturalizar la imposición del hombre sobre la mujer en la cama (en la región de la que ella proviene y en generaciones anteriores a la suya).