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Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

31 ene. 2016

El invento de la heterosexualidad



Estoy casi convencida de que la persona cien por ciento heterosexual no existe. De que esto fue un invento, como el mismísimo dios único, y quién sabe, quizá del mismo autor. Aunque quizá lo interesante no es quién lo inventó, sino por qué adoptamos ese invento para nuestras sociedades como si del descubrimiento del fuego o de la rueda se tratara.

La heterosexualidad vendría a funcionar como una colonización de la sexualidad: de la misma manera en que la religión católica tomó las fiestas paganas y una por una las fue reemplazando y disfrazando al estilo de su propio culto o los países coloniales invadieron culturas, idiomas y creencias en tierras que denominaron por capricho propio sus colonias hasta su exterminio. Donde antes había orgías, ahora hubo misas; donde antes había bacanales, ahora estaba el canibalismo simbólico de comer el cuerpo de cristo; donde antes había multiplicidad de deidades, ahora había una sola y donde antes había infinidad de géneros, orientaciones sexuales y formas de expresar la sexualidad, sólo quedó una.

La heterosexualidad, en su forma más monogámica, se convirtió en una regla para medirles a todos con la misma vara, sin importar si las sensaciones estaban expresados en pies y yardas para ser medidos en centímetros, o si las temperaturas del deseo estaban expresadas en grados Farenheit en vez de Centígrados.

El mecanismo de la sexualidad única funciona más o menos así:

PASO 1. Estableces la norma.

PASO 2. Amenazas con distintos castigos sociales y hasta espirituales a aquellos que la rompen. Y cumples, ejemplificando públicamente.

PASO 3. Instalas la creencia de que siempre habrá tensión sexual entre dos personas de sexo complementario.

PASO 4. Le das más poder a un sexo y le quitas casi todo el poder al otro, de manera que cada vez que se encuentren, se la pasen luchando por el poder o aceptando la estructura de poder impuesta.

PASO 5. Eliminas, dificultas o penalizas la posibilidad de la anticoncepción (bicho malo ése) para que la consecuencia lógica sean los hijos no deseados entre hombres que se creen con derecho a tener sexo con cualquier persona en cuerpo de mujer y mujeres que se creen sin derecho a decir que no y a no tener hijos.

Estos pasos se repiten una y otra vez, a través de distintas épocas y contextos socioculturales hasta que nadie duda de que son sólo una forma posible de vivir la sexualidad y se olvidan de que han sido impuestos. Resulta que ahora la novedad es la homosexualidad, el BDSM, las parejas swinger, el pansexualismo y la transexualidad. ¿No será que el verdadero invento, la verdadera sexualidad novel es la heterosexualidad? ¿Será realmente casual que la instauración de un dios único que arrasó con todos los demás se haya visto (y se vea) reforzada en la vida cotidiana por la implantación de una ideología sexual exclusiva y excluyente?
Si identificas sexo con animalidad y no con humanidad, es mucho más fácil relacionarlo con reproducción y no con placer. ¿Todo por qué? Porque este mundo para continuarse necesita hijos. O mejor y más interesante, ¿para qué? Para seguir manteniendo el mismo orden de las cosas a través de esos hijos.
Las relaciones homosexuales no tienen esa desventaja de la procreación accidental y en las poligámicas, resulta bastante difícil la adjudicación transparente de la paternidad. Por eso se evangelizó (y se evangeliza) a través de los medios de comunicación, los hospitales, las instituciones educativas, las leyes, las políticas económicas y todo recurso que tienen a disposición (y los tienen todos) para que nos resulte imposible imaginar (o tolerar) formas de organización social distintas de la familia central y tradicional, apoyada en la piedra filosofal de la pareja hetero y monogámica.
Imagen cortesía de: care2.com
Imagen cortesía de: care2.com


¿Es cierto que sientes que si no estás en pareja tu vida no vale? ¿Pudiste decidir si tener hijos o no y cuándo tenerlos o simplemente pasó? ¿Como hombre te sientes con derecho a acostarte con toda mujer que se cruce en tu camino? ¿Te sientes con miedo a que todo hombre que se cruce en tu camino puede sentirse con derecho a acostarse contigo, con tu consentimiento o sin él? ¿Te das cuenta que el matrimonio es un contrato, que también tiene su letra pequeña? ¿La leíste antes de firmar? ¿Una vez que te comprometiste con una sola persona del género opuesto para toda la vida, te sentiste pleno o te sentiste atrapado? ¿Nunca miraste a nadie más, de un sexo u otro, durante toda tu vida? ¿Te molesta ver personas del mismo sexo juntas porque desafía el orden pre-establecido y por ende, cuestiona elecciones de vida que quizá tomaste sin elegir demasiado? ¿Te resulta imposible pensar que personas del mismo sexo puedan ejercer la paternidad/maternidad porque tienes miedo en el fondo de que puedan hacerlo mejor que tú, que estuviste beneficiado con el acuerdo social y el apoyo de las políticas públicas?
¿Te resistes a pensar que el mundo pueda cambiar, aún viendo cómo funciona cuando se ha construido desde la heterosexualidad y el monoteísmo?
Y con estas preguntas, no inicio tu salida del clóset ni la mía, inicio la destrucción de un armario completo, en el que los poderes de turno decidieron esconder todo aquello que no era de su gusto y moral, de su satisfacción sexual y retribución económica, como cuando limpias tu casa para que esté en condiciones para las visitas, si no osan mirar más allá. Las personas diversas no están afuera de la norma (llámala clóset si te gusta más) y las personas hetero adentro.

Y las nuevas denominaciones para sexualidades no tan nuevas como nos quieren hacer creer, son tan inventadas como la heterosexualidad misma y tan autoimpuestas como la monogamia. ¿Por qué entonces nos replanteamos las etiquetas de trans, queer, drag, pan, bi sin replantearnos la etiqueta principal de la que intentan alejarse todas las otras?

Ya es hora de dejar de hablar de heterosexualidad y empezar a hablar de sexualidad. Es más, se nos pasó la hora, estamos llegando tarde a la cita con la evolución de la consciencia. Lamentablemente, nos sigue pareciendo menos importante este atraso que el “se te fue el último tren” o “se te pasó el arroz” que decimos a una mujer de más de treinta que sigue soltera o que aún no ha parido. Y eso mismo demuestra que el invento funcionó y sigue funcionando de maravilla. Para la gran mayoría, por lo menos.