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Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

27 ene. 2016

Avatar de pene

Imagen cortesía de: huffingtonpost.com
 Publicado en Septiembre 2015 en Con la oreja roja

Sepan disculparme si no quiero que me pongan los genitales a la altura de la cara, sobre todo cuando no voy a tener sexo oral. Ya sé lo que toda persona en envase de hombre tiende a llevar entre las piernas, no es necesario estar consciente de ello 24/7 para convivir pero situaciones de todos los días me lo recuerdan.

Cuando se sientan con las piernas abiertas de par en par y no me dejan más remedio que cerrar las piernas al sentarme en los medios de transporte; cuando andan con la bragueta abierta y no se les puede avisar porque creen que estoy tirando un lance; cuando se meten discretamente la mano en el bolsillo para rascarse o acomodarla y hasta cuando me rozan superficialmente con él, como quien no quiere la cosa, en el transitar la vía pública.

¿Hace falta entonces que también al abrir un correo electrónico, seguirles en Twitter o en Instagram, darles LIKE o Friend en Facebook y hasta al intercambiar comentarios en espacios tipo foro, el pene también esté ahí como protagonista de la interacción?

Y no es por hipocresía o malcogimiento que reniego de andar esquivando la baldosa rota de la imagen del falo en el diario caminar 2.0, de pasar de imagen en imagen como si de un catálogo de compras en línea del que no voy a consumir se tratara. El problema es la falta de elección: para hacer la web más navegable y más respetuosa a distintas edades, percepciones e intereses, se agrega siempre la advertencia en sitios 18+, se avisa #NSFW en los enlaces o justamente, en las bios.
Cuando yo quiero ver un pene, busco a un hombre que me genere la duda, le genero la dura y la despejo. O busco videos o fotos, claro, por qué no, pero cuando yo lo decido, no cuando envío un tuit frente a un@ compañer@ de trabajo o un@ sobrin@, para que me vean conversando lo más naturalmente posible con genitales en una mala parodia de una fellatio.

No se ve la misma cantidad de avatars de vulvas y vaginas, quizá por pudor no desaprendido, quizá por respeto, quizá porque la mujer tiene otras zonas igualmente atractivas y prohibidas teóricamente que enseñar, como tetas y culo. Un avatar de mujer con ojos, boca, pies, tobillos, espalda, cintura, cadera, cuello y hombros, parecería tener el mismo efecto, si está bien hecho, que uno de culo o tetas.
Pero, ¿por qué seguimos creyendo que el hombre lo único que tiene para mostrar es su pene? Lo único similar que ha llegado a los avatars son las espaldas o los abdominales, pero solo si están bien trabajados y últimamente, las barbas.

En lo particular a mí también me gustaría que se considerara el erotismo masculino a la par del femenino y ver más de sus hombros, espaldas, brazos, manos, ojos, piernas, entrepiernas, además de sus barbas, que parecieran ser casi la única excepción.

O te conozco la barba o te conozco el pene, aunque no te conozca a ti. Nos vamos a los extremos, arriba o abajo, todo o nada, la cara o el sistema reproductor externo parcial o completo.
¿Será mucho pedir que volvamos a revisar la convención social del cara a cara en el avatar a avatar? Quizá lo que pueda decir al respecto este eterno avatar de piernas anónimas sobre la falta de anonimato en los avatars tenga sentido sólo entre las suyas.

A mí a los penes me gusta mimarlos, llevármelos a la boca, explorarlos con las manos, pero realmente no disfruto conversar con ellos. Mucho menos con TODOS ellos, a menos que haya elegido hacerlo (en un gangbang, por ejemplo). Y si sospecho que un hombre no es más que un genital, generalmente, evito la conversación. En ocasiones, hasta el sexo.

Pensamos que la tecnología era una suerte de salvación para la humanidad, posiblemente el éxito final de la ciencia en su competencia con la religión en cuanto a ofertas de redención de las masas, pero en realidad no paramos de utilizarla para repetir las mismas mañas en el formato de moda. ¿Qué tan distinto es quien pone un avatar de pene de ese hombre en gabardina que esperaba desnudo a la salida de las escuelas o en las plazas para excitarse abriéndola frente a extrañ@s sin preguntar si querían ver?


Dicen por ahí que un hombre que pone su pene de avatar tiene baja autoestima, cree que no tiene nada mejor que compartir, o directamente tiene problemas para relacionarse con otr@s de manera sana. Yo creo que es justamente al revés, que quien aprovecha cada espacio, por pequeño e inapropiado que sea, para mostrar su erección tiene el autoestima tan alta que cree que no compartir su pene con el mundo es inconcebible, que el mundo se pierde de algo si no lo ve, que podría ocupar el lugar como la novena maravilla del mundo.

Si digo que estoy harta de los penes aunque no puedo tener suficiente de los hombres, me tildarán de feminazi o de malcogida. Permítanme, como mínimo, decir que estoy harta de los avatars de pene, que te dejan con esa sensación de que hay más chongos que hombres, de que algun@s seguiremos intentando dialogar mientras que otr@s simplemente se conforman con poder ponerte la pija en la cara.

Sé que el sexo puede ser un medio de comunicación, pero si seguimos llevándolo al extremo, en un futuro no muy lejano, las caras serán reemplazadas por los genitales y hasta las letras podrían ser reemplazadas por fluidos.