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25 ene. 2016

Amor propio

 Publicado el 15.10.15 en Tantras Urbanos

<<Ama al prójimo como a ti mismo>>, dice la biblia católica, uno de los best-sellers de ficción más vendido de todos los tiempos. Pero he ahí el problema: nos enfocamos tanto en amar a los demás, que terminamos dejando de encontrar tiempo para amarnos a nosotr@s mism@s. En ese caso, la frase inspiracional más retuiteada de toda la historia podría convertirse en una apología del desamor. Porque, al no amarnos a nosotr@s mism@s, no podemos darle amor a nadie más, ni desearle el bien sin mirarle con quién, ni mucho menos respetarle una buena cama.
Existen distintas realizaciones del amor, se puede pensar en el afecto de hermanos o amigos, en el cariño que es como una forma amorosa más superficial pero igualmente efectiva, en el amor erótico y quizá se puede dividir en tantos aspectos humanos que ya termine convirtiéndose en una lista de parafilias. Puedes creer en él, descreer, renegar de él o hasta evitarlo toda la vida. Pero, como un vecino molesto que te impone la existencia en sociedad, está ahí; aún cuando no exista para ti, existe para otr@s. Y el amor se corresponde o no, se siente o no; el amor propio, que puede entenderse como masturbación o como autoestima, no es una excepción.

El enamoramiento puede surgir como un flechazo, pero el amor se puede cultivar como un jardín. Sí, ya sé, si me lo hubieran dicho hace diez o hasta cinco años atrás, probablemente les hubiera dicho que lo más cerca que estuve de sentir o creer en el amor fue el squirting. Pero las piernas se siguieron abriendo, y la mente eligió seguirlas en su apertura, así que hoy puedo decir algo distinto. Aún así, la base para amar a otros sanamente, podría ser primero aceptarse a un@ mism@. Entonces, ¿te amas o eres amad@?

Como en cualquier relación, la comunicación es fundamental. Darse espacios para reflexionar sobre la propia experiencia, sobre lo que fueron circunstancias y lo que fue un@, sobre las habilidades o capacidades particulares además de sobre lo que falta, sobre las responsabilidades y la forma de afrontarlas, en ejercicio de la inteligencia intrapersonal, que algun@s practican sol@s y otr@s tant@s con ayuda de un terapeuta. En cuanto a la masturbación, darse espacios para reflexionar sobre qué gustó y qué no, qué otras cosas probar o que cosas descartar, es una forma de comunicarse con los placeres más íntimos.

Respetarse puede ser el comienzo de un cambio de actitud de otr@s frente a un@. Cuidar los detalles, encontrar formas de cuidarse y mimarse, aceptar aquello que ya no podemos cambiar mientras nos dedicamos a mejorar lo que sí queremos y podemos modificar, evitar relacionarnos en profundidad o abrir las puertas del hogar o las piernas a personas que intentan utilizarnos para sus fines o compararse constantemente en vez de entablar una relación de respeto mutuo. En resumen, elegir lo mejor para uno, que solamente puede conocerse a cada momento si se está en constante comunicación. Cuando te masturbas nunca harías nada que te lastimara, y este nivel mínimo de seguridad empiezas a ponerlo como parámetro para toda relación sexual más social.

Expresarse con libertad y sin pudor o temor, adaptándose a los contextos y sabiéndose capaz de hacerse cargo de las consecuencias, es resultado de saber quien se es y lo que se que quiere, además de cómo puede lograrse. Poder ser un@ mism@ tanto como amistades como en pareja, en público como en privado, es llegar a un nivel de plenitud que se parece bastante a la caricia del amor y refuerza la autoconfianza. Dejar de temer el qué dirán, poner el porno a todo volumen durante las sesiones de paja (aún cuando los vecinos saben que no estás acompañada), animarse a gritar, a decir su nombre, a dejar la ventana un poco abierta e imaginar miradas intrusas, podría ser el equivalente de expresión libre en los momentos de placer solitario.

Permitirse decir que no sin excusas ni rodeos, mientras seas coherente contigo y con los límites que quieres marcar. Quererse es también dejar de obligarse a hacer lo que no se quiere cada vez que no sea estrictamente necesario. No siempre tienes que tener ganas de tener sexo, pueden pasar semanas o meses sin masturbarte pero teniendo relaciones con otr@s, o al revés. Decirse “no” o “ahora no” a un@ y saber por qué, ayuda a poder decirlo a los demás, sobre todo en la cama. Eso no me gusta, y ya. Lo sé porque lo he probado y no es para mí. Punto.

Buscar el equilibrio entre pensamiento y sentimiento, entre la planificación y el aquí y ahora, dejarse ser, estar, disfrutar, es parte de amarse. Y cuando se encaran relaciones con otr@s, parte de amar y ser amad@.
Conocer nuestros tiempos, estados de ánimo y tanto las necesidades como las prácticas que las satisfacen, permite elegir mejor la forma de mimarse, el tiempo necesario para quedar satisfechas y muchas veces, descartar los mimos a solas como recompensa o liberación de tensiones por otras actividades no sexuales.

Aceptar los errores, dejar de castigarse por aquello que no se puede cambiar o que se hizo mal y no tiene retorno, perdonarse y poder seguir adelante, es una forma de decirte a ti mism@ que no has perdido la fe en lo que puedes ser. Enfocarse en lo positivo que se es y se ha logrado a la larga, ayuda a superar esos momentos en que podemos ver sólo lo negativo y nos negamos a querernos y disfrutarnos como somos.

Tener sexo con una misma cuando sentimos que nadie más podría querer tenerlo o que no necesitamos el contacto de otro porque estamos demasiado cargada para abrirnos o simplemente no queremos conectar con el afuera, puede ser un ejercicio que eleve nuestro nivel de endorfinas además de la autoestima.

Para mí, amor propio, nunca fue más que un eufemismo para masturbación. Y hasta puede ser que en el contexto de la biblia católica se aprecie la ironía. ¡Sí, he logrado hacer disfrutar a los demás, como a mí misma! Aunque quizá, más allá de todo el autoamor que nos hemos dedicado con los años, esté también el amor propio, cerca del calzón pero no dentro.