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Nadie sabe lo que quiere

 Publicado el 18.05.15 en Diario El Pilin  Las mujeres no saben lo que quieren, dicen sí cuando quieren decir no , dicen tal vez c...

28 sept. 2015

Con P de promiscua


Me da risa que tanto mi nombre de pila, como el nombre de mi personaje y promiscua comiencen con la misma letra. Puede ser casualidad o puede ser que lo haya elegido “inconscientemente”.


La promiscuidad es un concepto que es poco más que un reproche sobre las diversas sexualidades midiéndolas a todas con la misma vara. En vez de apuntar a la libertad personal y de cama, parece algo salido de la boca de una abuela que no tuvo sexo hasta el matrimonio y de la envidia por la vida sexual del otro típica de quien es malcogido.


Muchas personas toman este adjetivo como propio y lo usan para juzgar a los demás, pensando o creyendo que es aplicable a quien participa en orgías, a quien tiene un estilo de vida swinger, a quien engaña o es engañado frecuentemente, o incluso a veces lo aplican a personas que tienen sexo con personas de su mismo género o que tienen sexo sin protección, poniendo distintas prácticas en la misma bolsa. Distanciándose de la cama que su moral le dicta como negativa, refuerzan su baja autoestima y la poca confianza en sus elecciones de vida.

Pero sepan que según la OMS (Organización Mundial de la Salud), una persona que tenga más de tres compañeros sexuales por año, ya es promiscua. Así que, ahí tienen, Uds. que ven la paja en el ojo ajeno en vez de hacerse la paja, quizá también Uds. sean considerados promiscu@s.

Decir que alguien es promiscuo pareciera también darle a la medicina el derecho al maltrato, a la negación de ciertos tratamientos, a la indicación de otros, además de restarle a las personas sus derechos individuales, su derecho a la privacidad, a la intimidad, a hacer de su culo un florero y al olvido. Y si no, que levante la mano la mujer a quien su ginecólog@ no le ha preguntado por la cantidad de compañer@s sexuales y detalles específicos de sus prácticas como condición para tratarle. O para recriminarle tal enfermedad o condición, antes de tratarle, que constituye su única obligación.

Me da placer que tanto mi nombre de pila, como el nombre de mi personaje y promiscua comiencen con la misma letra. Puede ser casualidad o puede ser que lo haya elegido (in)conscientemente. Igual que tener la vida sexual que quiero, que generalmente involucró o involucra tener sexo con más de tres compañer@s sexuales por año. En ese caso, la OMS vendría a ser como ese nuevo novio o novia que te pregunta cuál es tu número para ver si puede llamarte puta o si puedes llamarle frígid@, pero con autoridad internacional. Y no olvidemos que fue la misma organización que no retiró a la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales hasta los 90´s.


¿Hasta qué punto es válido medir la cantidad de compañeros sexuales de una persona si no vas a acostarte con ella? Si tenemos en cuenta que la idea de promiscuidad puede variar con la época, la región, las creencias y las culturas, se empieza a ser más difícil etiquetarle la vida sexual a alguien de ese modo. Si además, sumamos el concepto de inclusión a la cama, los valores del respeto y la aceptación, esta necesidad desaparece casi completamente. Es hora de que empiece a variar con la época, porque el tiempo ha cambiado, casi tanto como han variado las sexualidades.


Encima pareciera que la misma palabra funcionara de distinta manera para hombres y mujeres. Está circulando información acerca de que la mujer que tiene pluralidad de compañeros sexuales está más expuesta a la violencia de género. Como siempre, habrá que ver en qué contexto, porque establecer una relación tan directa y de forma tan general, pareciera que la violencia de género es una respuesta esperable a libertad sexual femenina, que se viene luchando desde los primeros movimientos feministas.



Cuando se habla de mujeres, promiscuidad parece igual a prostitución, otro estigma laboral y de género sobre el que tampoco logramos ponernos de acuerdo. Quizá seguimos castigando cada intento de apertura sexual femenina, por aquello del embarazo no deseado que logró ser una vez excusa para exigir la virginidad a todo un género, mientras que al otro se le permitía la promiscuidad. Y en el caso de la homosexualidad, la excusa es el riesgo de contagio de sida, que obviamente será más difícil contagiarse en una relación heterosexual, si mantienes a un género oprimido y le dificultas la experiencia de una sexualidad plena. ¿Promiscuidad sin culpa para algun@s y condena para otr@s?


Como persona en envase de mujer que se ha permitido experimentar sexualmente aquello que ha decidido experimentar (perdóname Jebús, digo, OMS; o mejor aún, no me perdone, no se meta) y con distinto número de personas, que hasta se ha permitido en el sentido de Beatriz Preciado “aprender varias sexualidades como si fueran idiomas”, pienso que es al revés, que la experiencia de acostarse con distintas personas puede favorecer el autoconocimiento sobre el placer y los gustos personales, contribuir a dejar de idealizar al hombre como género y a la heterosexualidad como orientación sexual normativa, favorecer la comprensión de las propias necesidades y cuerpo, promover la investigación sobre anticoncepción y prevención de enfermedades sexualmente transmisibles, modificando la demanda hacia productos meños dañiños y más efectivos a largo plazo, generando más visitas al médico y análisis para estar al tanto del estado general de salud sexual. lo cual pareciera positivo, en el caso de que los médicos dejaran de atribuirse la potestad de juzgar a sus pacientes por sus prácticas sexuales. Yo no opinaré que eres promiscu@, si tú dejas de meterte en mi vida sexual y compararla con la tuya. Y si opinas que soy promiscu@, opinaré que eres malcogid@.


Me da risa, me da placer y me da libertad que tanto mi nombre de pila, como el nombre de mi personaje y promiscua comiencen con la misma letra. Puede ser casualidad o puede ser que lo haya elegido conscientemente. Como mi vida sexual.